miércoles, 26 de marzo de 2014

Odio y violencia: estudio de caso B


Eric David Harris


Hijo de 18 años de Wayne Nelson Harris y Katherine “Kathy” Ann Harris (apellido de soltera: Pool).
Hermano pequeño de Kevin Harris (21 años en ese momento).

Eric nació en Wichita, Kansas. Ambos padres habían nacido en Colorado, pero mientras trabajaba como piloto de transportes en las Fuerzas Aéreas, Wayne Harris estuvo en 11 puestos diferentes en distintas bases en Ohio, Michigan y Nueva York. Plattsburgh, Nueva York, fue el último lugar al que los Harris se mudaron antes del retiro forzado de Wayne de los militares debido a reducciones del personal. 

Para todos, Eric era un “chaval normal” cuando vivía en Plattsburgh. “Me quedé con la boca abierta” dijo su ex-compañero de clase Kyle Ross. "Era el típico chico. No se parecía en nada a como fue descrito en TV.” El padre de Eric dijo a sus antiguos compañeros de clase en la reunión del vigésimo aniversario del instituto Englewood que su objetivo en la vida era criar dos buenos hijos. 

La familia Harris se mudó desde Nueva York a Littleton, Colorado en julio de 1993. Wayne consiguió trabajo en la Corporación de Servicios de Seguridad Aérea en Englewood y Kathy consiguió trabajo como proveedora. Eric asistió a la escuela primaria Ken Caryl, donde conoció a Dylan Klebold en séptimo u octavo curso. Se hicieron muy amigos y pasaron mucho tiempo juntos. 

Los Harris alquilaron una casa durante los tres primeros años después de su llegada a Colorado. En 1996 compraron una casa por 180,000 $ al sur del instituto Columbine. Cuando Eric comenzó a asistir a Columbine conoció a Brooks Brown en el autobús escolar – sus casas no estaban muy alejadas – aunque Dylan ya era amigo de Brooks desde primer curso. Eric conoció a Nate Dykeman en clase de español y luego se lo presentó a Dylan. Los chicos continuaron siendo amigos durante años. 

Durante su primer año, Eric conoció a Tiffany Typher en clase de alemán y la llevó a la fiesta de bienvenida (homecoming). Fue su única cita y, cuando ella rechazo salir con él otra vez, Eric llevó a cabo un falso “suicidio”, tirándose en el suelo con salpicaduras de sangre falsa alrededor suyo. Más tarde escribió en su anuario (y en el de Nate Dykeman): “Ich bin Gott (Soy Dios)”. En 1997, su segundo año en Columbine, Dylan y Eric fueron arrestados por entrar a robar en una furgoneta pero fueron puestos en libertad en seguida a causa de lo bien que realizaron el programa juvenil de prevención de la delincuencia al que tenían que asistir. 


Ese mismo año Eric y Dylan entraron a trabajar en Blackjack Pizza, lugar donde más tarde comprarían una de las armas que usaron durante el tiroteo a Mark Manes, un hombre que les presentó su compañero de trabajo y graduado en Columbine Philip Duran. Robyn Anderson, una amiga cercana de Dylan, compró dos escopetas y un rifle que luego dio a los dos adolescentes que se convertirían más tarde en los agresores del instituto Columbine. Con la armas compradas, Eric y Dylan hicieron un vídeo en Rampart Range con Mark Manes y una amiga suya. Practicaron disparando con sus escopetas recortadas, usando bolos y pinos como blancos. 

Juntos, Eric y Dylan hicieron muchas gamberradas en Blackjack Pizza: encendieron fuegos artificiales en el callejón trasero, pusieron una trampa explosiva en la cerca – incluso le prendieron fuego al fregadero en una ocasión. Chris Morris, uno de los mejores amigos de Eric, también trabajaba en Blackjack Pizza y fue detenido el 20 de abril a causa de algunas sospechas de que quizá había estado involucrado en el tiroteo. Más tarde fue absuelto y puesto en libertad. 

Una de las aspiraciones de Eric era unirse a la Marina e incluso llegó a solicitarlo, pero su solicitud fue rechazada poco antes del tiroteo, probablemente porque estaba tomando Luvox (fluvoxamina) en este momento, un antidepresivo inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina que estaba tomando en relación a la terapia de control de la ira que estaba llevando desde mediados de 1998. Se ha especulado que los efectos secundarios del Luvox contribuyeron a lo que sucedió – y de hecho ahora se ha informado de que la mayoría de los antidepresivos usados en adolescentes pueden incrementar la violencia y/o los pensamientos suicidas. Sin embargo, los amigos de Eric informaron que creían que había dejado de tomar Luvox poco antes del tiroteo. Si es así, esto podría haber desencadenado una reacción incluso más violenta ya que dejar de tomar cualquier antidepresivo repentinamente puede aumentar los efectos negativos. 

La autopsia establece que tenía bajos niveles terapéuticos de Luvox en su sistema en el momento de la muerte. El Luvox tarda en desaparecer del cuerpo en un período de aproximadamente 14 días si se trata de una receta de 60 mg por día. Las típicas terapias de Luvox comienzan con 50 mg diarios y van aumentando hasta dosis de 300 mg/día si es necesario. Es sumamente reactivo a otras sustancias (alcohol, marihuana, otros medicamentos). Sin saber desde cuando Eric había estado tomando el medicamento antes del 20 de abril de 1999 y sin saber cuanto se le recetó, es difícil decir si este bajo nivel de Luvox es debido a que estaba tomando una cantidad baja de medicamento o porque estaba en proceso de dejar de tomar una alta cantidad. 

Eric nunca recibió el mensaje de que había sido rechazado ya que el oficial de reclutamiento no pudo ponerse en contacto con Eric antes de que tuviera lugar el tiroteo. Sin embargo, la madre de Eric había mencionado el medicamento cuando Eric estaba reunido con el oficial, así que es posible que él hubiera asumido que sus posibilidades se habían esfumado ya que no había informado que estaba tomando un antidepresivo en la solicitud. 

Eric también fue muy activo en Internet. Dylan y él tenían sus ordenadores establecidos en una red para jugar juntos a Doom online aunque fue Eric quien tuvo una presencia más fuerte en Internet. Las páginas web de Eric (que usaba, entre otros, los nicks REB, Rebel, Rebdoomer, Rebdomine) recibieron en su momento una gran atención por parte de los medios de comunicación. 

La mayor parte de esta atención giró principalmente en torno a dos páginas: la web sobre Doom II que había comenzado alrededor del 96 en WBS y la web de WBS que se dio a conocer ampliamente a través de las noticias (la cual tan sólo contenía la letra de la canción “Son of a gun” de KMFDM). El grupo se desvinculó públicamente de la Mafía de la Gabardina y de los agresores, igual que hicieron Joe Arpaio y algunos otros que estaban enumerados como personas a las que admiraba Eric en su web. Marilyn Manson fue metido en la refriega por los medios de comunicación y también hizo saber que no aprobaba lo que sucedió en Columbine. 

Un invitado perteneciente al ámbito de la cultura gótica declaró lo siguiente en una retransmisión del programa "20/20" en el que se hablaba del tiroteo en Columbine: “Sí, echad la culpa a la música, a las ropas… Siempre es la misma historia. Algo va mal en la generación más joven y los adultos quieren echar la culpa a la forma de vestir, las películas, los juegos, los hobbies, la música… No quieren ver la poca atención que muchos padres prestan a sus hijos, o la poca atención que les prestan los profesores en el colegio.” 

Algunas webs que Eric hizo fueron: Jo Mamma, otra página en WBS con letras de canciones de KMFDM y el más explícito y amenazador website en AOL que contenía las amenazas contra Brooks Brown y contra los habitantes de Littleton. Los padres de Brooks vieron la web (avisados, irónicamente, por Dylan Klebold) y presentaron un informe policial. 

Días después de que los Brown informasen a la policía de las amenazas, Eric comenzó un diario en el que contaba los planes para atacar Columbine el 19 de abril de 1999. La semana anterior del tiroteo fue cuando de repente cambiaron sus planes retrasando el ataque al día 20. Se ha especulado que inicialmente planeaban atacar el día 19 para que coincidiese con el aniversario del atentado de Oklahoma y el asedio de Waco, pero nadie sabe con seguridad por qué decidieron cambiar la fecha finalmente. 

El “contenido gráfico” de las páginas web de Eric del que con tanto miedo se habló en los medios de comunicación en ese momento consistía en imágenes de los personajes de Doom II. Los “dibujos demoníacos” tan espeluznantes de su cuaderno también eran criaturas de Doom. El tipo con cuernos es uno de los jefes finales/dioses de Doom II. Eric guardó muchos gráficos de los juegos Doom y Quake en su página web de AOL, pero lo que de verdad ponía los pelos de punta no eran las webs de Eric sobre videojuegos, sino su página principal en la que despotricaba contra todo el mundo, no sólo contra los atletas o los negros o lo ricos… sino contra todos el mundo. 

Durante los meses previos al tiroteo, Eric y Dylan grabaron bastantes vídeos en los que decían lo que querían hacer a su instituto y a la gente de él, a través de la publicación de cintas de video (incluyendo “Asesinos a sueldo” y las Cintas del Sótano), informes escolares y el bombo publicitario que los medios de comunicación dieron a sus diarios y agendas, donde Eric explicaba con detalle los planos de Columbine y tomaba nota de cuándo el comedor estaba más lleno de gente. En los vídeos que él y Dylan grabaron en la habitación del sótano de Eric (donde mostraban la forma en que sus armas encajaban en sus gabardinas), insultaban a las “zorras presumidas” con las que iban al instituto, Dylan se refiere a dos por su nombre: Rachel y Jen (durante el tiroteo Rachel Scott murió y Jennifer Doyle fue herida de gravedad).

Eric murió en la biblioteca a causa de una herida auto infligida en la cabeza: se puso el cañón de su escopeta recortada en la boca y apretó el gatillo. Su familia se marchó de Littleton poco después del tiroteo por razones obvias. En su interés por rehacer su vida, aunque aprecian que les deseen que se recuperen pronto, no quieren ponerse en contacto con nadie relacionado con Columbine. Sus últimas palabras fueron las de una carta abierta que dirigieron al público:

“Continuamos profundamente entristecidos por el sufrimiento de tantas personas que causaron las acciones de nuestro hijo. Lo queríamos muchísimo, y cada día buscamos en nuestras almas el brillo de una razón de por qué él haría una cosa tan horrible. Lo que hizo fue imperdonable y va más allá de nuestra capacidad de entendimiento. Pero el paso del tiempo ha comenzado a hacer disminuir el dolor. 

Estamos agradecidos a aquellos que nos han mantenido en sus pensamientos y oraciones.

Wayne y Kathy Harris.
15 de abril del 2000.”

Odio y violencia: estudio de caso A


Dylan Benett Klebold


Hijo de 17 años de Thomas Klebold (52 años en ese momento) y Susan Klebold (apellido de soltera: Yassenoff, 50 años ese momento).  Hermano pequeño de Byron Klebold (21 años en ese momento).

Tom era geofísico, Susan trabajaba con gente discapacitada. Ambos eran de Columbus, Ohio y fueron a la Ohio State University. Sue era de una importante comunidad judía allí, nieta del filántropo y magnate de la construcción Leo Yassenoff, quien construyó el centro de la comunidad local de judíos de Columbus que lleva su nombre. Dylan nació en Lakwood, Colorado.

Dylan asistió a la escuela primaria Normandy en Littleton, Colorado, durante primer y segundo curso y luego se cambió a la escuela primaria Governor’s Ranch donde formó parte del programa CHIPS (Estudiantes con un exigente y alto potencial intelectual) para niños dotados y talentosos. Sus padres dijeron a los inspectores que Dylan estaba más protegido de algún modo en Governor’s Ranch y creían que su cambió a la escuela primaria Ken Caryl fue un poco difícil para él puesto que era muy callado y tímido. El cambio de una escuela a otra suele ser difícil para muchos estudiantes, así que sus padres no se preocuparon demasiado.

Durante sus primeros años escolares jugaba a T-ball, béisbol y fútbol. Estaba en los Boy Scouts con su amigo Brooks Brown, un chico del que era amigo desde primer curso. Conoció a Eric Harris cuando iba a Ken Caryl en séptimo u octavo curso y resultó que Brooks Brown vivía cerca de la casa que los padres de Eric habían comprado recientemente, e iba en el mismo bus que Eric. No mucho tiempo después, Eric presentó a Dylan a Nathan “Nate” Dykeman, que también asistía a Ken Caryl, y los chicos se hicieron buenos amigos.

En 1995 los cuatro chicos se matricularon en Columbine cuando iban a comenzar noveno curso. El instituto acababa de ser reformado con 15 millones de dólares y fueron la primera promoción en ver el nuevo aspecto de la cafetería y de la entrada de estudiantes.

En Columbine, Dylan participó en la puesta en escena de obras de teatro del instituto como coordinador de luz y sonido y también se involucró en la realización de vídeos y en la “Red de noticias rebelde” del instituto. Fue alabado por echar una mano durante la representación de Rachel Scott de “Watch the Lamb”: cuando la música se estropeó Dylan pudo proporcionar una copia de la cinta de modo que el show pudo continuar. Era un ayudante informático en el instituto y ayudaba a mantener el servidor de los ordenadores escolares. Jugaba a Fantasy Béisbol habitualmente; otros jugadores dijeron que lo oyeron hablar de los partidos que tendrían lugar la semana del 20 de abril, sin darles indicaciones de que no planeaba estar por allí después del martes.

Los vecinos de los Klebold los describieron como gente agradable: la imagen de la familia perfecta. Los padres de Dylan inicialmente mantuvieron que no sabían que su hijo estaba preocupado. Uno de los primeros informes decía que Sue estaba atónita por lo que su hijo había hecho. En él afirma que nunca vio ningún indicio de lo que iba a ocurrir. Byron, el hermano mayor de Dylan, también expresó su sorpresa por las acciones de su hermano; lo más cercano a un arma que la familia había poseído era una pistola de aire comprimido para mantener a raya a las ardillas. Los amigos de Dylan dijeron que, aunque vieron como se metían con Eric en el instituto, nunca vieron que se metieran con Dylan; era demasiado alto, demasiado larguirucho y demasiado ignorado por los que no eran sus amigos. Pero algo lo estaba molestando. Años más tarde, los padres de Dylan admitieron en entrevistas que habían pasado por alto el hecho de que su hijo era infeliz, y no vieron las pistas que estuvieron allí todo el tiempo.

Cuando el baile de graduación de los alumnos de último curso tuvo lugar el 17 de abril de 1999, Dylan fue en una limusina junto con otros 12 amigos a la fiesta. Nate Dykeman contó a los reporteros que nada parecía raro esa noche, que todo iba “perfecto”. Nate dijo que Dylan habló alegremente sobre un futuro positivo asistiendo a la universidad en Arizona y a sus amigos les pareció que eso era lo que realmente planeaba hacer con su vida. Su familia ya había pagado por una habitación dormitorio en la Universidad de Arizona, donde planeaba especializarse en informática. La familia Klebold al completo había ido hasta Arizona el 25 de marzo de 1999 para elegir la habitación de Dylan.

La pareja de Dylan para el baile de graduación fue su amiga Robyn K. Anderson, a la cual había conocido unos años antes en una fiesta de navidad. Ella asistió a la fiesta con él en calidad de amiga, no como pretendiente; a pesar de los primeros informes, Dylan y Robyn no estaban relacionados amorosamente. Robyn presumió orgullosamente ante otro amigo suyo antes del baile de graduación: “¡He convencido a mi amigo Dylan, que odia los bailes, a los atletas y que nunca ha salido con ninguna chica para que asista conmigo! ¡Soy o muy guapa o muy persuasiva!

Fue Robyn Anderson quien los ayudó a adquirir las dos escopetas y el rifle que usaron en el ataque. Ella actuó como intermediaria adquiriendo las armas para ellos ya que no tenían 18 años en ese momento y Robyn sí (18 es la edad legal para comprar un arma de fuego en Colorado). Poco antes de la compra, el propietario de la tienda armas Dragon Arms de Littleton informó que cinco adolescentes habían intentado comprar una ametralladora M60 y una pistola de asalto equipada con un silenciador a principios de marzo. Los cinco aparecen en la cinta de video de la cámara de vigilancia que se envió a la policia, pero no se sabe si alguno de los jóvenes era Dylan o Eric.

Muchos de los que conocían a Dylan lo describieron como un seguidor y dijeron que Eric tenía una fuerte influencia sobre él, especialmente después de 1998. También fue descrito como un joven que carecía de confianza en sí mismo – “tan tímido que daba pena” dijeron algunas personas – pero que no era propenso a la ira. 

Pero no todos lo recuerdan con esa conducta tímida. Su comportamiento y el de Eric en Blackjack Pizza, donde trabajaban, no encajaba en ese perfil. Cuando ambos estaban aburridos, compraban hielo seco en Baskin-Robbins y hacían pequeñas bombas para hacerlo explotar detrás de la pizzería. Dylan fue despedido una vez por llevar una bomba de tubo al trabajo pero fue contratado de nuevo por Blackjack más tarde cuando necesitaron empleados. Al menos dos veces el anterior propietario dejó a Dylan y Eric prenderle fuego a unos aerosoles, una vez en un fregadero y otra vez en un horno. Jugaban con fuego constantemente detrás de la tienda, una vez incendiaron un contenedor y las llamaradas fueron tan fuertes que tuvieron que llamar a los bomberos para que lo apagaran. 

Dylan era conocido por decir palabrotas delante de los profesores y una vez se le suspendió la asistencia al instituto (junto con Eric y otro estudiante) por piratear los ordenadores del instituto para adquirir las combinaciones de las taquillas, las cuáles usaron para dejar una nota de amenaza en la taquilla de uno de sus enemigos. Según Nate Dykeman, Dylan y Eric se habían hecho con piezas de los ordenadores del instituto sin permiso; incluso una vez el padre de Dylan le hizo que devolviera un ordenador portátil que había robado del instituto. 

Los estudiantes de la clase de bolos a la que Dylan and Eric asistieron a primera hora de la mañana del 20 de abril, contaron a los reporteros que él y Eric gritaban 'Heil Hitler!' cada vez que lanzaban bien la bola - Tom Klebold dijo que él "no sabía de dónde procedían las cosas Nazis o la violencia". El amigo de Dylan, Nate Dykeman, dijo que había visto a Eric dibujar esvásticas pero que Dylan nunca lo hizo, de modo que es difícil saber cuánto apoyaba Dylan realmente el movimiento Nazi – apoyo que parecería fuera de lugar para un judío de nacimiento casi tanto como las tendencias violentas que estaba ocultando a su familia.

Nathan Dykeman contó a la policía que había visto a Dylan hacienda una compra detrás de Blackjack Pizza, pagando entre 200 y 300 dólares a Philip Duran, un compañero de trabajo suyo. Nate pensó que Dylan estaba comprando drogas y debido a que él mismo estaba completamente en contra de las drogas, Nate lo puso en una situación difícil. Dylan le dijo entonces que había comprador una pistola (la TEC-DC9, que Mark Manes le proporcionó con la ayuda de Philip como intermediario). Con las armas adquiridas, Eric y Dylan hicieron un video en Rampart Range donde practicaban disparando con las escopetas recortadas y la TEC-DC9 con Mark y Jessica Miklich, una amiga de Mark. La cinta de video de las prácticas de tiro fue grabada por Harris y Klebold en marzo, y se la enseñaron a Nate dos semanas antes del tiroteo en Columbine. Dykeman informó a la policía sobre la cinta de video tres días después de la matanza.

Tan solo unas semanas antes de la masacre, Dylan entregó un trabajo escolar que era tan violento que la profesora informó a sus padres de ello. "Sólo es una historia," fue la explicación que dio Dylan y que sus padres creyeron fácilmente. La historia trataba de un guerrero solitario vestido con una gabardina que, de forma sangrienta y violenta, golpeaba, apuñalaba y mataba a tiros a un grupo de estudiantes de instituto, luego hacía explotar bombas para desviar la atención de la policía. El vocabulario empleado para describir a los “enemigos” era tan fuerte que la profesora, Judy Kelly, ni siquiera pudo corregir el trabajo hasta que se hubo sentado a hablar con él sobre ello. Las familias de tres de las víctimas nombraron a Kelly, junto con otros empleados del instituto, en los juicios sosteniendo que ella debería haber prestado más atención a las fantasías violentas de Dylan.

Los Klebold cooperaron completamente con la policía de Denver inmediatamente después de la masacre, pero más tarde se negaron a hacer pública la autopsia de Dylan, sin embargo fue publicada y se pueden compran copias a través del condado de Jefferson, junto con el resto de la información sobre Columbine. Además de las otras pruebas, la policía confiscó cinco cintas de video que los chicos grabaron en el sótano de la casa de Eric (donde mostraban lo bien que podían esconder las armas bajo sus gabardinas). Fue en estos videos en los que Dylan mostraba su verdadero lado oscuro. No era una oveja, no era un pobre desventurado que seguía ciegamente el ejemplo de Eric. Era un joven armado que quería hacer daño a la gente y lo demostraba con sus palabras y su lenguaje corporal.
Él y Eric insultaban a las “zorras presumidas” con las que iban al instituto, Dylan se refiere a dos por su nombre: Rachel y Jen. Un dato interesante: Rachel Scott – la primera víctima que murió – fue la pareja del baile de graduación de Nick Baumgart, amigo de la infancia de Dylan y también amigo de Eric. Aunque puede que no se refirieran a esas mismas personas en el video. 

En octubre de 1999 los Klebold anunciaron que estaban decididos a demandar al departamento de policía del condado de Jefferson. La base de su demanda era que si la policía hubiera hecho caso de la denuncia de los Brown cuando Eric amenazó a Brooks, las cosas nunca habrían llegado hasta este trágico final. Varias familias de las víctimas que murieron expresaron su apoyo a esta postura. 

Hubo controversia respecto a la muerte de Dylan; murió a causa de un solo disparo en la sien izquierda. Inicialmente, los investigadores creyeron que si Dylan fuera a dispararse a sí mismo, se habría disparado en la sien derecha, sin embargo Dylan no era diestro; era zurdo y disparaba con su mano izquierda, algo que se ve claramente en varios de los vídeos que grabaron. El juez de instrucción dictaminó que fue un suicidio en el informe de la autopsia de Dylan. El abogado de los Klebold, Frank Patterson, confirmó en nombre de la familia que efectivamente Dylan era zurdo y que respaldaban las conclusiones del forense.

Carta abierta de los padres de Dylan Klebold:

"Casi un año ha pasado desde que la tragedia cambió la comunidad de Columbine para siempre. Un día que comenzó inocentemente terminó catastróficamente. El proceso de curación ha sido lento pero hemos conseguido sobrellevarlo, no sólo con nuestra propia desesperación, sino también con las distracciones e intrusiones que han sido resultado de la atención mundial. 

No hay palabras para expresar cuánto lamentamos el dolor que ha llegado a esta comunidad como consecuencia de las acciones de nuestro hijo. El dolor de los demás acrecienta el nuestro propio mientras luchamos para vivir una vida sin nuestro querido hijo. En la realidad de la tragedia de Columbine y sus secuelas, tratamos de entender junto con el resto del mundo cómo una cosa así pudo suceder. 

Estamos convencidos de que la única forma de honrar verdaderamente a todas las víctimas de ésta y de otras tragedias relacionadas es avanzar claramente y metódicamente hasta entender por qué ocurrieron, de modo que podamos intentar prevenir que este tipo de locuras puedan suceder de nuevo. Nuestra intención es trabajar para llegar a esta meta, creyendo que las respuestas están probablemente a nuestro alcance, pero que no serán sencillas. Prevemos un tiempo en el que las circunstancias nos permitirán unirnos con los que comparten nuestro deseo de entender. Mientras tanto, otra vez expresamos nuestro profundo pésame a aquellos cuyas vidas han sido cambiadas tan trágicamente. Esperamos que algún día todo nuestro dolor sea substituido por paz y aceptación. 

Por ultimo, desearíamos dar las gracias a aquellos que han enviado sus buenos deseos, oraciones y sus palabras de apoyo a nuestra familia. Constantemente nos sorprenden y animan con los gestos de comprensión y compasión que nos tienden. El apoyo ha sido humilde e inspirador a la vez, y realmente estamos en deuda con aquellos que nos lo han ofrecido. 

La familia Klebold.
15 de abril del 2000."

martes, 25 de marzo de 2014

Odio y violencia (Participación 3)


EL ORIGEN DE LA VIOLENCIA Texto: Mariló Hidalgo
¿Por qué un adulto es capaz de torcer el brazo a un recién nacido sin apiadarse de sus llantos? ¿Por qué se puede agredir a una mujer sin ningún motivo hasta causarle la muerte? ¿Por qué un "matón" de doce años, seguido por una pandilla de la misma edad, agrede físicamente a otros compañeros de colegio y emplea burlas, amenazas y humillaciones, sin haber mediado provocación?
Biólogos, psiquiatras, sociólogos y antropólogos buscan el origen de este tipo de comportamientos violentos.
Somos más violentos ahora que en la antigüedad? ¿Nos encontramos ante un fenómeno creciente? ¿Podremos, gracias a los avances científicos, conocer la semilla de la violencia, y por lo tanto su curación?
Éstas y otras preguntas flotan en el ambiente a la luz de los brutales acontecimientos que se suceden cada día. Medir la violencia que se genera en nuestro entorno es algo casi imposible. Las cifras que encontramos se extraen sumando los asesinatos, malos tratos, violaciones, que tienen lugar cada año en un país. En España durante 1998 -según datos del Cuerpo Nacional de Policía y Guardia Civil- tuvieron lugar 16.103 delitos contra la libertad sexual. Los malos tratos en el seno de la familia -mujeres, niños y ancianos- ascendieron a 9.708 casos. Se denunciaron 20.485 lesiones de diversa índole. Fueron víctimas de homicidios y asesinatos 2.293 personas. Recibieron tratos degradantes 757 individuos y 28 fueron objeto de tortura. En el pasado año 66 mujeres murieron a manos de su pareja y 18.830 denunciaron malos tratos infringidos por sus compañeros o maridos. Según las últimas encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) los temas que más preocupan a los ciudadanos españoles en estos momentos son la violencia doméstica y el terrorismo, precisamente las noticias que más se repiten en los medios de comunicación.


¿Somos más violentos ahora que antes?En la actualidad no sabemos si existen más o menos conflictos que antes, pero lo cierto es que son más cruentos.Antes, las mujeres, los ancianos y los niños estaban al margen de las guerras que se decidían principalmente entre soldados. Hoy, por cada militar caído en el campo de batalla, han fallecido veinte civiles. Las mujeres y los niños se han convertido en las principales víctimas. Tal es así que la violación de mujeres por parte de las Fuerzas Armadas -como ocurrió en Kosovo- es empleada como arma de guerra e instrumento de terror. En la actualidad, este tipo de violencia es considerada como "crimen contra la humanidad" por parte del Tribunal Penal Internacional que ya ha emitido sus primeras sentencias en este sentido.Por otro lado, a pesar de la famosa liberación de la mujer, muchos hombres no pueden soportar que ella salga a trabajar fuera de casa, gane un sueldo, tenga sus compañeros o amigos y piense por su cuenta. Contra eso emplea la violencia. A veces con resultado de muerte. Un total de 141.586 mujeres han sido atendidas en los 918 centros para maltratadas durante la vigencia del I Plan de Acción contra la Violencia doméstica (1998-2000), según ha hecho público la Secretaria de Asuntos Sociales, Concepción Dancausa.Dos mil millones de niños pueblan hoy nuestro planeta. Dos mil millones de niños que son víctimas también del horror y la violencia: más de un millón de menores cae cada año en las redes de la prostitución. La FAO (Organización para la Alimentación y la Cultura) confirma que más de 570.000 niños han muerto como consecuencia de las sanciones impuestas a Irak. El infanticidio de niñas continúa imparable en la India: su único delito es haber nacido mujeres. 250 millones de niños son obligados a esclavizarse en todo el mundo. Por último, en nuestro país de la cifra de pequeños que sufren malos tratos un 79% sufre abandono. Un 42% ha sido sometido a maltrato emocional y un 30% físico. El 4% ha sufrido abuso sexual. Lamentablemente muchos niños en estos momentos son carne de comercio, esclavitud, pornografía, tráfico de órganos, prostitución, adiestramiento para la guerra, escudos humanos...

¿La violencia es innata al hombre?El agresivo nace, el violento se hace" asesta José Sanmartín, catedrático de la Universidad de Valencia, director delCentro Reina Sofía para el estudio de la violencia y autor del libro "La violencia y sus claves". Este profesor, que ha realizado varios trabajos sobre el tema, asegura que "nuestra agresividad es un rasgo en el sentido biológico del término; es una nota evolutivamente adquirida, mientras que la violencia es una nota específicamente humana que suele traducirse en acciones intencionales que tienden a causar daño a otros seres humanos".Agresividad y violencia, por tanto, no son la misma cosa • La primera forma parte de nuestra esencia animal. Somos agresivos por naturaleza, por instinto de supervivencia frente a un entorno hostil, de la misma forma en que son agresivos el resto de los animales. La diferencia es que mientras ellos no llegan a causarse la muerte, el ser humano llega a disfrutar con ella. 

Entonces, ¿qué es la violencia? ¿de dónde surge? • La violencia es producto de la evolución cultural, por tanto es suficiente cambiar los aspectos culturales que la motivan para que ésta no se produzca. Explican los expertos que la violencia nace a partir de la separación del hombre de su entorno natural. En los primeros tiempos, el ser humano se regía por el mismo código de conducta que los animales. Era básicamente instintivo y por lo tanto utilizaba la agresividad para poder subsistir y procrear. Su agresividad no dañaba al grupo. Hoy, por encima de la naturaleza, el hombre ha construido un entorno artificial con sus propios valores y su propia cultura que le exige determinadas respuestas que le obligan constantemente a adaptarse a lo nuevo. Esta situación creada artificialmente la controla con dificultad y en ocasiones le genera violencia.

Durante mucho tiempo se habló de la existencia del "gen de la violencia" y ello fue objeto de estudio en los departamentos más avanzados de biotecnología del mundo. El debate de si las personas nacen violentas o desarrollan este tipo de comportamientos a lo largo de su existencia, estuvo vivo durante mucho tiempo. A ello contribuyeron diversos estudios realizados entre los asesinos más despiadados de las cárceles norteamericanas, donde se intentó demostrar con una teoría, que la mayoría de condenados tenían además del par "XY" -que define el sexo masculino-, una "Y" extra. Es decir, poseían un curioso cromosoma "XYY". Pronto se comprobó que este "trío" singular también lo poseían otras personas de fuera de las cárceles con un comportamiento social normal: la teoría tuvo que ser desechada.Hoy, el mito de la herencia genética está totalmente desmontado. No existe un gen de la violencia: "Los genes pueden influir en el comportamiento violento como influyen en todo lo que hacemos y todo lo que somos, pero en ningún momento determinan que un individuo vaya a ser violento sin ninguna solución", explica Manuela Martínez Ortiz, doctora en medicina del Departamento de Psicobiología y Psicología Social de la Universidad de Valencia.Según un estudio realizado por científicos de la Universidad de Wisconsin (EEUU) que aparece publicado en la revistaScience, "el cerebro humano está conectado con revisores y equilibradores naturales que controlan las emociones negativas, pero ciertas desconexiones en estos sistemas reguladores parecen aumentar notablemente el riesgo de un comportamiento violento impulsivo". Está comprobado que este tipo de actuaciones están relacionadas con una sustancia del cerebro denominada serotonina, sustancia que en estos individuos parece estar disminuida. Hace más de cincuenta años se empleaba la lobotomización para tratar este problema en individuos antisociales.  El proceso consistía en "introducir una especie de picahielos a través del párpado superior hasta alcanzar el hueso; entonces se golpeaba con un mazo el leucotomo hasta introducirlo en la zona orbitofrontal. Moviendo el leucotomo hacia delante y hacia atrás se cortaban las conexiones entre esta zona y estructuras subcorticales como la amígdala. Con este sistema se conseguía eliminar la ansiedad, pero acababan presentándose otros trastornos como: incapacidad de planificar a corto o medio plazo, equivocación a la hora de decidir cuestiones prácticas -contrarias en muchos casos a lo que el individuo pensaba-, indiferencia a las consecuencias de sus acciones e insensibilidad al dolor", recuerda el profesor Sanmartín.Actualmente, para contrarrestar la falta de esta sustancia se administran fármacos que aumentan la serotonina en estas personas con falta de autocontrol, aunque se han detectado también efectos secundarios. La violencia -insisten en señalar- no es una enfermedad, así que no se la puede tratar como tal. La solución vendría de la mano de la cultura, de la educación.

¿Existe un antídoto contra la violencia?Desgraciadamente las causas que generan esta violencia son muy variadas: familia, medios de comunicación, educación, entorno , nivel social. Nada puede eliminar de un plumazo el problema, aunque los expertos sí coinciden en señalar la importancia de una educación en la infancia.
"Tras el ejército en tiempos de guerra, la familia es la institución que incluye mayores dosis de violencia contra los niños en la sociedad contemporánea", asegura el doctor Ignacio Gómez de Terreros, jefe del Servicio de Pediatría del Hospital Virgen del Rocío de Sevilla.
Así surge la gran paradoja: la misma estructura que la sociedad ha diseñado para crear un clima cálido, protector, que estimule al individuo, se convierte en un uno de los lugares donde se producen el mayor número de actuaciones violentas que en muy pocas ocasiones son conocidas fuera de la estructura familiar.
La privacidad e intimidad. La organización patriarcal donde la mujer es propiedad del marido y donde ambos ejercen dominio sobre los hijos. El empleo del castigo como medio corrector, que en ocasiones incluye la agresión como parte lógica de la educación de los niños e incluso de la mujer, que siempre es considerada como inferior. La ignorancia de las auténticas necesidades de los componentes de esa familia... Todo ello obliga a revisar la organización de la familia y las opciones que en estos momentos brinda a un adolescente que debe de estructurarse como persona.

Aunque los expertos no parecen ponerse de acuerdo sobre la influencia de la televisión en los comportamientos violentos, en estos últimos tiempos hemos conocido numerosos crímenes que han seguido ritualmente el patrón de películas como "Asesinos natos", "El muñeco diabólico", "Crash" o "Pulp Fiction". Se trata de separar la realidad de la fantasía lo que ocurre es que la visión de tanta violencia gratuita puede hacer pensar a los niños que es la mejor manera de solucionar un problema.
Eso piensan algunos educadores: "la violencia -explica el psiquiatra Rojas Marcos en "La semilla de la violencia"- se aprende en los primeros años de vida. Los comportamientos agresivos se fomentan a través de mensajes tangibles y simbólicos que sistemáticamente reciben los niños de los adultos, del medio social y de la cultura. La experiencia que más predispone al ser humano a recurrir a la fuerza bruta y despiadada para aliviar sus frustraciones o resolver situaciones conflictivas, es haber sido objeto o testigo de actos de agresión maligna repetidamente durante la niñez".
El enfrentamiento a profesores y las agresiones dentro del mismo colegio, son situaciones que empiezan a repetirse con demasiada frecuencia, aunque eso sí, aún no hemos llegado al nivel de violencia de EEUU. Según un informe del Defensor del Pueblo, el 4% de los alumnos de Secundaria afirma haber sufrido agresiones físicas y el 30% agresiones verbales por parte de otros compañeros.

La violencia entre iguales, que hasta ahora era ignorada por los propios profesores al considerarlas "cosas de chavales", exigen un tratamiento muy específico que obliga a los educadores a enseñar, además de conocimientos a sus alumnos, valores como la tolerancia, la democracia, el respeto, la igualdad. La realidad es que "el profesor no está preparado para cambiar de mentalidad por su cuenta y ahí son los Gobiernos quienes tienen la responsabilidad de impulsar la formación de los docentes para evitar que siga el fracaso escolar y la indisciplina", asegura Amparo Tomé, profesora de Sociología de la Educación de la Universidad Autónoma de Barcelona (El País, 9-4-01).

Para contrarrestar todo esto hace falta una educación para la paz efectiva, que debe partir del núcleo familiar y educativo. El fomento del diálogo y la comunicación. Las muestras de cariño y comprensión por parte de los padres. El análisis de las fórmulas que se emplean para educar en la disciplina. El conseguir que el núcleo de convivencia no se convierta en el lugar donde los de siempre tienen los derechos -los padres, por lo general- y otros tienen los deberes -los hijos-. Y sobre todo, descubrir que en la palabra se encuentra la baza del entendimiento entre las distintas generaciones, distintas razas, distintos pensamientos, son cuestiones que sin duda ayudarán a esa Educación para la Paz.
Como decía Víctor Hugo, "no hay malas hierbas, ni hombres malos, sino malos cultivadores"

viernes, 21 de marzo de 2014

Egoismo, individualismo, altruismo, amor y solidaridad (participación 2)


La química del amor  (RC-51)

Francisco Muñoz de la Peña Castrillo, 
IES Carolina Coronado, Almendralejo


Los poetas nos han deleitado cantando al más maravilloso de los sentimientos desde todos los ángulos y con infinitos matices, pero los químicos también tenemos cosas que decir al respecto, quizás menos seductoras pero no por ello menos importantes.
¿Por qué nos enamoramos de una determinada persona y no de otra? Innumerables investigaciones psicológicas demuestran lo decisivo de los recuerdos infantiles -conscientes e inconscientes-. La llamada teoría de la correspondencia puede resumirse en la frase: "cada cual busca la pareja que cree merecer".
Parece ser que antes de que una persona se fije en otra ya ha construido un mapa mental, un molde completo de circuitos cerebrales que determinan lo que le hará enamorarse de una persona y no de otra. El sexólogo John Money considera que los niños desarrollan esos mapas entre los 5 y 8 años de edad como resultado de asociaciones con miembros de su familia, con amigos, con experiencias y hechos fortuitos. Así pues antes de que el verdadero amor llame a nuestra puerta el sujeto ya ha elaborado los rasgos esenciales de la persona ideal a quien amar. 
La química del amor es una expresión acertada. En la cascada de reacciones emocionales hay electricidad (descargas neuronales) y hay química (hormonas y otras sustancias que participan). Ellas son las que hacen que una pasión amorosa descontrole nuestra vida y ellas son las que explican buena parte de los signos del enamoramiento.
Cuando encontramos a la persona deseada se dispara la señal de alarma, nuestro organismo entra entonces en ebullición. A través del sistema nervioso el hipotálamo envía mensajes a las diferentes glándulas del cuerpo ordenando a las glándulas suprarrenales que aumenten inmediatamente la producción de adrenalina y noradrenalina (neurotransmisores que comunican entre sí a las células nerviosas).
Sus efectos se hacen notar al instante:
  • El corazón late más deprisa (130 pulsaciones por minuto).
  • La presión arterial sistólica (lo que conocemos como máxima) sube.
  • Se liberan grasas y azúcares para aumentar la capacidad muscular.
  • Se generan más glóbulos rojos a fin de mejorar el transporte de oxígeno por la corriente sanguínea.

Hay dos cosas que el hombre no puede ocultar: que está borracho y que está enamorado 
Antífanes -388-311 a. C.-, comediógrafo griego
Los síntomas del enamoramiento que muchas personas hemos percibido alguna vez, si hemos sido afortunados, son el resultado de complejas reacciones químicas del organismo que nos hacen a todos sentir aproximadamente lo mismo, aunque a nuestro amor lo sintamos como único en el mundo.
Ese estado de "imbecilidad transitoria", en palabras de Ortega y Gasset, no se puede mantener bioquímicamente por mucho tiempo.
No hay duda: el amor es una enfermedad. Tiene su propio rosario de pensamientos obsesivos y su propio ámbito de acción. Si en la cirrosis es el hígado, los padecimientos y goces del amor se esconden, irónicamente, en esa ingente telaraña de nudos y filamentos que llamamos sistema nervioso autónomo. En ese sistema, todo es impulso y oleaje químico. Aquí se asientan el miedo, el orgullo, los celos, el ardor y, por supuesto, el enamoramiento. A través de nervios microscópicos, los impulsos se transmiten a todos los capilares, folículos pilosos y glándulas sudoríparas del cuerpo. El suave músculo intestinal, las glándulas lacrimales, la vejiga y los genitales, el organismo entero está sometido al bombardeo que parte de este arco vibrante de nudos y cuerdas. Las órdenes se suceden a velocidades de vértigo: ¡constricción!, ¡dilatación!, ¡secreción!, ¡erección! Todo es urgente, efervescente, impelente... Aquí no manda el intelecto ni la fuerza de voluntad. Es el reino del siento-luego-existo, de la carne, las atracciones y repulsiones primarias..., el territorio donde la razón es una intrusa. 
Hace apenas 13 años que se planteó el estudio del amor como un proceso bioquímico que se inicia en la corteza cerebral, pasa a las neuronas y de allí al sistema endocrino, dando lugar a respuestas fisiológicas intensas.
El verdadero enamoramiento parece ser que sobreviene cuando se produce en el cerebro la FENILETILAMINA, compuesto orgánico de la familia de las anfetaminas.
Al inundarse el cerebro de esta sustancia, éste responde mediante la secreción de dopamina (neurotransmisor responsable de los mecanismos de refuerzo del cerebro, es decir, de la capacidad de desear algo y de repetir un comportamiento que proporciona placer), norepinefrina y oxiticina (además de estimular las contracciones uterinas para el parto y hacer brotar la leche, parece ser además un mensajero químico del deseo sexual), y comienza el trabajo de los neurotransmisores que dan lugar a los arrebatos sentimentales, en síntesis: se está enamorado. Estos compuestos combinados hacen que los enamorados puedan permanecer horas haciendo el amor y noches enteras conversando, sin sensación alguna de cansancio o sueño. 
El affair de la feniletilamina con el amor se inició con la teoría propuesta por los médicos Donald F. Klein y Michael Lebowitz del Instituto Psiquiátrico de Nueva York, que sugirieron que el cerebro de una persona enamorada contenía grandes cantidades de feniletilamina y que sería la responsable de las sensaciones y modificaciones fisiológicas que experimentamos cuando estamos enamorados.
Sospecharon de su existencia mientras realizaban un estudio con pacientes aquejados "de mal de amor", una depresión psíquica causada por una desilusión amorosa. Les llamó la atención la compulsiva tendencia de estas personas a devorar grandes cantidades de chocolate, un alimento especialmente rico en feniletilamina por lo que dedujeron que su adicción debía ser una especie de automedicación para combatir el síndrome de abstinencia causado por la falta de esa sustancia. Según su hipótesis el, por ellos llamado, centro de placer del cerebro comienza a producir feniletilamina a gran escala y así es como perdemos la cabeza, vemos el mundo de color de rosa y nos sentimos flotando. 
El 50% de las mujeres entrevistadas para el libro Por qué necesitan las mujeres del chocolate confesó que elegiría el chocolate antes que el sexo. Hay quienes al chocolate lo llaman EL PROZAC VEGETAL.

Su actividad perdura de 2 a 3 años, incluso a veces más, pero al final la atracción bioquímica decae. La fase de atracción no dura para siempre. La pareja, entonces, se encuentra ante una dicotomía: separarse o habituarse a manifestaciones más tibias de amor -compañerismo, afecto y tolerancia-. Dos citas muy interesantes son:

El amor es como la salsa mayonesa: cuando se corta, hay que tirarlo y
empezar otro nuevo. Enrique Jardiel Poncela.

El amor es como Don Quijote: cuando recobra el juicio es para morir.
Jacinto Benavente
Con el tiempo el organismo se va haciendo resistente a los efectos de estas sustancias y toda la locura de la pasión se desvanece gradualmente, la fase de atracción no dura para siempre y comienza entonces una segunda fase que podemos denominar de pertenencia dando paso a un amor más sosegado. Se trata de un sentimiento de seguridad, comodidad y paz. Dicho estado está asociado a otra DUCHA QUÍMICA. En este caso son las endorfinas -compuestos químicos naturales de estructura similar a la de la morfina y otros opiáceos- los que confieren la sensación común de seguridad comenzando una nueva etapa, la del apego. Por ello se sufre tanto al perder al ser querido, dejamos de recibir la dosis diaria de narcóticos.
Para conservar la pareja es necesario buscar mecanismos socioculturales (grata convivencia, costumbre, intereses mutuos, etc.), hemos de luchar por que el proceso deje de ser solo químico. Si no se han establecido ligazones de intereses comunes y empatía, la pareja, tras la bajada de FEA, se sentirá cada vez menos enamorada y por ahí llegará la insatisfacción, la frustración, separación e incluso el odio.
Parece que tienen mayor poder estimulante los sentimientos y las emociones que las simples substancias por sí mismas, aquellos sí que pueden activar la alquimia y no al sentido contrario. 
Un estudio alemán ha analizado las consecuencias del beso matutino, ése que se dan los cónyuges al despedirse cuando se van a trabajar. Los hombres que besan a sus esposas por la mañana pierden menos días de trabajo por enfermedad, tienen menos accidentes de tráfico, ganan de un 20% a un 30% más y viven unos ¡cinco años más! Para Arthur Sazbo, uno de los científicos autores del estudio, la explicación es sencilla: "Los que salen de casa dando un beso empiezan el día con una actitud más positiva".
Es cierto, no podemos negarlo, es un hecho científico que existe una química interna que se relaciona con nuestras emociones y sentimientos, con nuestro comportamiento, ya que hasta el más sublime está conectado a la producción de alguna hormona.
No hay una causa y un efecto en la conducta sexual, sino eventos físicos, químicos, psíquicos, afectivos y comunicacionales que se conectan de algún modo, que interactúan y se afectan unos a otros.
Existe, sí, una alquimia sexual, pero se relaciona íntimamente con los significados que le damos a los estímulos, y éstos con el poder que les ha concedido una cultura que, a su vez, serán interpretados por cada uno que los vive de acuerdo con sus recursos personales y su historia. Esperemos que estos estudios en un futuro nos conduzcan a descubrir aplicaciones farmacológicas para aliviar las penas de amor.




jueves, 20 de marzo de 2014

COMUNIDAD, USOS Y COSTUMBRES (Participación 1)


Rebelión de los jóvenes amish

Sin coches ni electricidad ni teléfono. Los amish viven en EE UU como si fueran un pueblo del siglo XIX. Cuando los jóvenes cumplen 16 años cruzan al otro lado para ver el mundo moderno. El choque es brutal. Un 10% decide no volver a la comunidad. Tres de esos chicos cuentan su experiencia.


Nada más dejar la carretera comarcal de Goshen, en Indiana (Estados Unidos), uno se encuentra con un grupo de casas modulares construidas por piezas. No se le podría llamar barrio; no es más que una carretera pavimentada flanqueada por casas idénticas situadas a varios metros de distancia. Acaba de anochecer y reina la soledad. Un Camaro salpicado de barro, el emblema de la testosterona adolescente de clase media, está aparcado a la entrada de una de las casas. La puerta principal está abierta. En su interior, el olor a rancio es insoportable. Todas las cortinas están corridas y la sala de estar completamente a oscuras. El gigantesco televisor de pantalla plana de 52 pulgadas domina la estancia y ofrece una teleserie que nadie está viendo. Hay tres butacas de cuero en las que se han quedado dormidos sendos hombres, totalmente vestidos. La cocina está nueva, reluciente, a estrenar. Los ceniceros están plagados de colillas consumidas y nadie se despierta ante la presencia de un extraño. No hay ruido ni prisa ni sentido del tiempo. Aquí es donde Gerald Yutzy vive en el limbo.
Gerald, de 24 años, fue educado como amish. En Goshen vive una amplia comunidad amish y el monocromático mundo religioso en el que nació existe en un salto en el tiempo no mecanizado. Conviven con el mundo moderno, cuyos ciudadanos adoptan con avaricia accesorios y posesiones materiales y no consideran pecado utilizar un lavavajillas o un ordenador; gente más o menos como nosotros.
El aparcamiento del almacén Wal-Mart local dispone de plazas para los caballos y carros amish. Se les puede ver en los pasillos, vestidos con ropa sencilla hecha en casa, las mujeres con vestidos grises y gorros blancos, los hombres con sombreros de fieltro negros, tirantes y barba sin bigote. Cuando un hombre amish se casa se deja barba -el bigote recuerda demasiado a los militares-, y así sigue, haciéndose más larga a medida que pasan los años. En Estados Unidos, los amish siguen siendo idealizados en gran parte como un pueblo amable y discreto que porta la antorcha de un pasado poetizado. Llevan una existencia típica del siglo XIX y creen en valores sencillos orientados a la familia. Son muy reservados, no hacen proselitismo y tampoco pretenden formar parte de una cultura en la que el progreso tecnológico y la prosperidad engendran orgullo, poder y estatus, y conducen a la ruptura de las relaciones.
Los amish, cuyas raíces se encuentran en el movimiento anabaptista, huyeron de Alemania hacia Pensilvania en el siglo XVIII. No poseen coches, electricidad ni teléfonos en casa. Son educados con los ingleses, pero inaccesibles e inabordables; no hacen fotografías y no les gusta que otros se las hagan. Creen que sus hijos sólo deberían ir a la escuela hasta octavo curso (a los 14 años) para evitar que se vuelvan "demasiado orgullosos". Su fe se centra en la humildad y se reafirma en la Iglesia, la familia, la comunidad y un estilo de vida sencillo basado en la agricultura y la carpintería. Es de esta forma de vida de la que Gerald ha querido aislarse.
Cada parroquia decide qué acepta y qué no acepta, no existe una única figura dominante. La Iglesia prosigue en el hogar. Los amish de la vieja guardia son más ortodoxos que los de la nueva, en la que se permiten actividades como utilizar un tractor. Pero independientemente de la parroquia u orden amish, hay un principio inquebrantable según el cual los padres no obligan a sus hijos a adoptar su fe. Los anabaptistas creen que el bautismo es una decisión voluntaria que debe tomarse en la edad adulta.
Cuando Gerald cumplió 16 años, se le animó, al igual que a cualquier otro chico o chica amish, a explorar el mundo inglés antes de decidir si se "unía a la Iglesia" o no. Se espera que esto les ayude a tomar una decisión con fundamento. Durante este tiempo, pueden experimentar las libertades del mundo moderno -citas, fiestas, beber, conducir, llevar vaqueros-, y generalmente durante varios años. Algunos se quedan en casa, pero muchos deciden huir de la intensa supervisión de sus padres y alquilan su propia residencia. Los padres no siempre aprueban las decisiones de sus hijos -especialmente en lo relativo a comprar coches e independizarse-, pero las toleran. La nueva vida de Gerald es un testimonio de su independencia, pero puede regresar a casa siempre que quiera. Y si finalmente se bautiza, todos los pecados le serán perdonados automáticamente y quedará limpio.
La mayoría regresa cinco años después, generalmente cuando están listos para formar una familia. En el caso de Gerald ya han pasado ocho años. Su reticencia a volver es comprensible. Si lo hace, se incorpora a la Iglesia, es bautizado, y luego cambia de idea y renuncia a sus costumbres amish por las de los ingleses, sus acciones tendrán una recepción mucho peor. La práctica amish del rechazo -una severa expulsión- es el precio que deberá pagar. La puerta de su familia quedaría entonces cerrada para siempre.
El índice de regresos es elevado. Aproximadamente un 90% rehúsa el mundo moderno y todos sus alicientes. Pero un grupo reducido, al igual que Gerald, no desea abandonar su recién estrenada libertad. Así que, ¿están bien preparados los jóvenes amish para emprender el viaje a un mundo para cuyo recorrido no tienen conocimientos ni dotes sociales?
Inician este viaje con solvencia, ya que han trabajado desde los 14 años y han reunido muchos ahorros, pero con una educación limitada. Llegar de una vida joven que consiste prácticamente en trabajar, acostarse pronto y leer la Biblia, arropados por estrictas normas familiares, y cruzar la calle a un mundo de sexo, drogas y gangsta rap puede provocar un estrés enorme. ¿De verdad es sorprendente que tantos huyan del terrible y vacío mundo de los ingleses hacia el santuario de su familia amish?
Gerald, despierto ahora en su casa de la solitaria calle frente a la carretera, con el Camaro aparcado en la puerta, pertenece al 10% aproximadamente que ni está bautizado ni ha sido rechazado. "No he renunciado a ser amish", afirma en voz baja. Se sienta ante una mesa camilla con cristal. Ha estado durmiendo y sale como nuevo de una ducha de 45 minutos, oliendo a champú y luciendo sudadera con capucha y pantalones anchos.
Sus padres todavía le presionan para que vuelva, pero como ya no pasa demasiado tiempo en casa, no es algo que considere una prioridad. Ahora su vida consiste en trabajar y dormir en su pequeña habitación, que parece una cueva. Tiene chicas desnudas en la pantalla del ordenador, televisión con mando a distancia y algo de marihuana sobre la cama.
La habitación contigua a la suya pertenece a su amigo Jonás, y hace gala de una limpieza obsesiva. Más tarde, Jonás explicará que es su novia quien la mantiene tan limpia.
Jonás se acaba de levantar y se relaja viendo la televisión. Tiene seis hermanas y dos hermanos y trabaja en una fábrica que produce vehículos recreativos. No va a la iglesia y no piensa renunciar a su coche porque le gusta la velocidad. Tiene 23 años y dice que a los 17 ya sabía que no volvería. Se ha levantado a las seis de la mañana para ir a cazar.
Gerald no es cazador. Es tranquilo, sensible y parece de una irresponsabilidad contenida. Toda la semana trabaja con su padre amish en la fábrica, desde las cuatro y media de la madrugada hasta el mediodía. Habla con sensatez. A diferencia de la mayoría de niños amish, que asisten a un colegio de una sola aula, Gerald fue a una escuela normal, pero sólo hasta los 14 años. También se crió en una familia relativamente pequeña, con sólo un hermano y dos hermanas; la mayoría de las familias amish cuentan con once o doce hijos. Tiene teléfono móvil y suena varias veces. "Es mi padre", dice, y hace caso omiso, explicando que han tenido una gran discusión porque fuma marihuana.
No hubo ningún momento concreto en que dejara de considerase amish. Fue algo gradual, recuerda. Ya no piensa en ello, y afirma, varias veces y con convicción, que no lo echa en absoluto de menos. Aun así, dice que sigue creyendo en Dios y en el paraíso y que el modo más sencillo de entrar en él es siendo amish.
El año pasado quería ver la película 'La pasión de Cristo', de Mel Gibson, pero no pudo hacerlo porque se habría sentido demasiado culpable. Tiene la libertad para hacer y pensar lo que quiera, pero su conducta sigue estando mediatizada por su educación. Esta confusión es manifiesta cuando habla sobre una reciente experiencia, en la que uno de sus amigos murió asesinado durante un robo.
"Cuando era más joven nunca hubiera imaginado que alguien sería capaz de hacer algo así. No tiene sentido", afirma. A los niños amish se les enseña a confiar y a creer en la bondad de la gente. Cuando ocurren cosas malas dentro de la propia comunidad -enfermedades mentales, abuso de drogas o incesto, acusaciones que se han publicado recientemente en la prensa-, su planteamiento es llevarlo con discreción, proteger a los suyos y solucionarlo ellos mismos.
También está enraizado en la idea amish de la gelassenkeit o sumisión. Las esposas obedecen a los maridos, los hijos a sus padres, y los amish consideran pecado negar el perdón. A Gerald le resulta difícil comprender algo como un acto de violencia aleatorio, debido a su educación enclaustrada. Suspira: "Con el tiempo, llegas a un punto en el que ya no te sorprende. A veces creo que ya no le pasan cosas buenas a la gente".
Es difícil decir si su cinismo es el resultado de vivir en el mundo inglés o si forma parte del proceso natural y orgánico de madurar.
Han pasado algunas horas y Gerald acepta salir a cenar. Lo de comer fuera no es algo que él y sus amigos hagan a menudo. No hay demasiadas opciones, aparte de la comida rápida, y hay días en que incluso se olvida de comer. Tampoco hay mucho que hacer en Goshen. El pueblo tiene una sala de billares, un cine y una bolera, pero la mayoría de las noches él y Jonás se quedan en casa.
Jonás se niega a moverse de su butaca. Suelta como disculpa: "Ya saldré mañana".
Gerald es de modales circunspectos, así que cuando reacciona con una sacudida mínima de emoción, se nota. Nos sentamos en un reservado de un falso restaurante italiano; pide una cerveza y come con desgana la "interminable" ensalada. Le sorprende oír que el 90% opta por regresar y unirse a la Iglesia. "¿Noventa?". Pone los ojos en blanco. "Es mucho más que eso. Diría que es un 99,9%".
La apatía y el sopor le hacen sentirse prisionero; podría ser la marihuana, o quizá el aburrimiento mortal de la América profunda, o a lo mejor que su infancia nunca le preparó para pensar en la independencia, la ambición y la vida fuera de la familia y la Iglesia. Ahora ocupa el lugar entre esos dos mundos, una pauta constante de ir a la deriva y dormir.
"Nada me emociona. Ahora mismo soy una persona sin metas. Y ahí está el problema, necesito tener algún objetivo y ponerme las pilas. No tengo ambiciones. Me limito a ir a trabajar, volver a casa, ir a trabajar y dormir". Toma un trago de cerveza. "Sé que no puedo vivir así para siempre". Habla sobre su deseo de viajar, pero el interés se nota distante. Fue a Florida y vio el océano. Ha estado en Nueva York. ¿Y qué sintió? "Estaba bien, pero a veces es mejor quedarse en casa, ¿me entiendes?".
¿Y qué hay de sus padres? Les resulta difícil aceptar la decisión que parece haber tomado. Quieren que regrese, le piden un motivo por el que no lo hace. Pero no tiene ninguno. Para Gerald y para muchos jóvenes amish sus costumbres son, más que la religión, su estilo de vida. De modo que cuando le pregunto qué es lo mejor de su nueva vida, hace una importante puntualización: "No es mejor. Pero me gusta".
Aun así, cree que la libertad de la que goza no es buena, y, curiosamente, a pesar de lo que le aporta, se considera un desfavorecido. Resulta sorprendente que reconozca que la vida que rechazó es una vida privilegiada: "Al ser amish estás vinculado a una comunidad. Harán cualquier cosa por ayudarte. Todo el mundo colabora". Se encoge de hombros ante su decisión actual de rechazarla. "Ni yo mismo lo entiendo", confiesa.
Quizá sea en parte porque Gerald es una persona solitaria y odia los "contratos" de cualquier tipo, ya sean religiosos o de otra clase. La libertad personal significa que le dejen en paz. Tuvo una novia formal, pero le traicionó (no habla del tema), y desde entonces no ha mostrado demasiado interés en salir con nadie. Podría si quisiera -aunque no se fija en las chicas que le miran al pasar-, pero reconoce que ahora mismo no tiene libido y no se imagina casándose.
Hace unos años le pidieron que asistiera al famoso programa de televisión de Oprah, pero se escabulló en el último momento porque se sentía extraño. Luego, al ver el programa, se disgustó porque consideraba que retrató a los amish como habitantes de la Edad de Piedra y a sus mujeres como simples criadoras de hijos. Cuando habla sobre el tema, queda claro que todavía se siente leal, protector y a la defensiva cuando tocan a su antigua comunidad. ¿Duda sobre su actual decisión de abandonar la Iglesia? Niega con la cabeza. "Sé que no he cometido un error, sé que no sería más feliz siendo amish porque no me gusta serlo, pero, a la vez, sería mucho más sencillo y mejor para mí".
Las carreteras que rodean Goshen están flanqueadas por carteles que muestran torsos escuálidos. El titular dice: "Los estragos del cristal". La metanfetamina (más comúnmente conocida como speed, velocidad) es una droga popular en esta región del país y una de sus características más insidiosas es que destruye paulatinamente la parte del cerebro que gobierna la experiencia del placer. La memoria emocional y la capacidad para recordar el placer quedan dañadas. Esto también dificulta el disfrutar de la vida una vez que uno recupera la sobriedad. Se considera al speed la droga más adictiva porque aumenta la producción de dopamina en el cerebro, inundándolo pero asfixiando irrevocablemente su fuente hasta que ya no produce suficiente como para mantener una existencia emocional sana. Reduce la capacidad cerebral para recrear el placer, y por eso la recaída es tan frecuente; los reincidentes lo consumen para regresar a un estado de euforia que ya no existe.
Resulta difícil no especular sobre si el letargo, la inusitada carencia de excitación alimentada por las hormonas, la falta de ambición, o sencillamente de iniciativa en el círculo de amistades de Gerald, tendrá algo que ver con la cultura de la droga en esta pequeña comunidad. La impoluta habitación (la limpieza y orden obsesivos a veces son el resultado del ímpetu producido por el speed), las excesivas horas de sueño, el anquilosamiento de su existencia pueden ser indicios.
Si la metanfetamina se fuma, la consecuencia es la llegada instantánea de una dosis al cerebro; el subidón va seguido de la capacidad para mantenerse despierto hasta 36 horas seguidas. A los trabajadores de las fábricas se les paga por piezas, de modo que, cuanto más tiempo puedan mantenerse despiertos, más dinero podrán ganar. El crank -o arranque, la forma calcárea de la metanfetamina- es más accesible que el cristal (también conocido como ice o hielo), y pueden comprarse los ingredientes en una tienda de alimentación. Un proveedor de tratamientos para adictos del centro de rehabilitación local afirma: "Cualquiera con una educación de octavo curso puede fabricarlo".
"La mayoría de la gente que ingresa aquí es remitida por los juzgados. No hay muchos que lleguen por motivación personal". Calcula que entre un 8% y un 10% son amish, y, teniendo en cuenta la rigurosa naturaleza conservadora de su vida, la mayoría de ellos debe de estar en su intervalo rumspringe (ese merodeo adolescente antes de bautizarse), ya que la propia comunidad impone la ley local sin demasiados problemas. Tampoco es inusual que los amish que se enganchan a las drogas regresen y se unan a la Iglesia como método de rehabilitación y recuperación. Julie Dijkstra, ayudante del sheriff del condado de Elkhart, afirma que los amish abordan los problemas de forma interna.
La noche siguiente, Lyndale Schmucker se apoya en su camioneta roja, que está aparcada en la puerta de la casa de Gerald y Jonás. Está marcando números en su teléfono móvil. Gerald está dentro, dormido en su habitación, y la puerta principal está cerrada. Lyndale espera a Jonás, que todavía no ha vuelto. El rechazo de Lyndale, de 23 años, al mundo amish es más profundo, más agresivo, que el de Gerald, y no siente ninguna lealtad hacia sus raíces. Mete las manos hasta el fondo de los bolsillos de sus vaqueros y mira hacia el suelo. Su voz es grave y explica que ya no se considera amish en absoluto. Para él, el rechazo es una reacción a la hipocresía. Sigue yendo a la iglesia y habla sobre la época en que llevaba pantalones caqui en lugar de ropa amish. "Yo les decía que era ropa sencilla, de vestir. Pero no les gustaba. Y les preguntaba: '¿Por qué os fijáis en la ropa de la gente?'. Todos estamos allí por el mismo motivo. ¿Estamos allí por la ropa? No lo entiendo". Cita una larga lista de incoherencias. Por ejemplo, que los amish no permiten tener teléfono en casa, pero utilizan las cabinas públicas. "No entiendo por qué no permiten tener teléfono. Es algo necesario. Los teléfonos pueden salvar vidas. ¿Pueden tener uno fuera, a dos metros, pero no dentro de casa? Y no quieren que tengamos vehículos porque está mal, pero luego quieren que les llevemos a todas partes".
"Le dije a mi madre", continúa, "que no pensaba unirme a la Iglesia hasta que pudiera explicarme la diferencia entre tener un teléfono en casa o a dos metros de la puerta. Me respondió: 'No lo utilizarás tan a menudo como si estuviese colgado de la pared'. Pero en cuanto necesites un teléfono, saldrás fuera y lo usarás". Acaba casi todas sus frases encogiéndose de hombros y con un: "No lo sé, es cosa mía". Su madre cree que sería más feliz si se uniera a la Iglesia, pero no está nada convencido. "Si vendiera mi camioneta y todo lo que tengo, ¿cómo iba a ser más feliz?".
Cuando se le pregunta sobre la transición, admite que no le resultó fácil: "Sufres mucho. Tienes que luchar. Cuando te vas a comprar tu primera camioneta, tus padres no quieren que lo hagas. Lloran porque está mal. Se hacen ilusiones. Para ellos es difícil ver que sus hijos no les obedecen. Ser amish te complica la vida. Siempre tienes que molestar a alguien para que te lleve a algún sitio, o debes ir en bicicleta a hacer una llamada si no tienes una cabina cerca. Ahora, si quiero ir a algún lugar, me subo a mi camioneta y voy". Mira a lo lejos: "No me imagino renunciando a mi camioneta, al teléfono, pasar a no tener nada".
En general, parece que los que deciden no regresar están en un dilema, pero no confusos. No se plantean el impacto psicológico ni las consecuencias espirituales de sus acciones, porque no cavilan sobre la elección entre el mundo amish y el mundo inglés. Sencillamente, se formulan la pregunta que ocupa la mente de cualquier joven: "¿Qué me hará más feliz?". Y no están convencidos de que amish sea la respuesta. Para quienes no regresan a la Iglesia, no suele tratarse tanto de una acción decisiva o una declaración de creencias, sino de darse cuenta de que sencillamente no desean lo que tenían antes. Renuncian a un estilo de vida más que a una religión. Poseer un coche les resulta mucho más atractivo que un caballo y un carro.
Al norte de Goshen, Mary Mosley está esperando en el McDonald's frente a la carretera. No sólo los chicos rechazan el mundo amish. Las chicas también, y por un motivo en apariencia más sólido. Las mujeres siguen estando mayoritariamente subordinadas a los hombres. Mary tomó la valiente decisión de abandonar el mundo amish y ahora vive completamente repudiada. Ha aceptado asistir a la cita para tomar un café y está sentada con las manos cruzadas, que reposan sobre la mesa frente a una bandeja de plástico con patatas fritas. Su voz es poco más que un susurro, pero está ansiosa por hablar y transcurren varias horas mientras cuenta su historia.
Mary fue criada como amish en el condado de Nappanee; comenzó a trabajar a los 18 años fabricando fundas de asientos para aviones. Todavía llevaba ropa amish, pero sabía que no se incorporaría a la Iglesia. Dice que lo sabía desde los 15 años, cuando fue lo bastante mayor para darse cuenta de que "dicen que ésas son las normas, pero no las cumplen".
Sí, los amish no tienen coche, pero no tienen el menor problema para montarse en uno. Su punto de vista es que sólo los ricos pueden permitirse tener un coche, y, por tanto, eso crea desigualdad y divide a la comunidad. Es una muestra de riqueza y estatus y un instrumento de división. Pero Mary no está convencida, cree que la desigualdad no se erradica prohibiendo ser propietario de un coche y que también hay esnobismo en la comunidad. En su caso, la sensación de desigualdad vino porque su familia era pobre. "No existe comunidad para la gente pobre". Cuando era pequeña, se reían de ella por el tejido de su ropa. "Si no comprabas ciertas telas, no ibas a la moda". Para su familia era difícil. Por ejemplo, aunque los amish no permiten tener vehículos a motor, un carro con cuatro caballos denota más riqueza que otro con un solo caballo. Y la raza también. "Existe mucha competencia con los caballos. Cuál es el más fuerte y todo eso. ¿Y por qué un chico puede comprarse un carro, pero una chica no?", se pregunta. Las expectativas de las mujeres amish no son negociables. No trabajan una vez que tienen hijos, no gozan de igualdad con su marido. A Mary esto nunca la convenció.
Pero también veía otras contradicciones. Explica que a algunas mujeres se les permite tener teléfonos móviles cuando están embarazadas y conservarlos en casa mucho después del parto. Y algunos de los amish del nuevo régimen permiten tener pequeños electrodomésticos o guardan herramientas eléctricas en el garaje. Cree que, a pesar de la máxima de igualdad, hay tanta competencia en el mundo amish como fuera de él, "sólo que no hablan de ello".
Vivió en casa hasta los 21 años, y cada vez estaba más desilusionada. "Veía el nombre amish utilizado en anuncios de pan y mantequilla de cacahuete". Pero la educaron para creer que si no era amish no iría al cielo. Se marchó, compartió un apartamento con una amiga amish, y trabajó de electricista. Su familia rezaba para que volviera. Regresó e hizo borrón y cuenta nueva. Pero poco después del bautismo sintió que estaba viviendo una mentira. No se encontraba cómoda y, lo que aún le inquietaba más, le disuadían de que pensara por sí misma.
Una vez que decidió que ya no sería amish, se sintió en paz. Dejó de llevar ropa amish y se sintió liberada. Ahora vive con su marido inglés, su hijo y su hijastra, y siente mucho más la pareja de lo que podría esperar con un hombre amish. "Me respeta, lo hacemos todo juntos. No me considero estúpida". Ya no se considera parte de la comunidad, y asegura que sólo echa de menos algunas cosas: "Añoro conducir el carro en una fría mañana de invierno y oír las ruedas crujir contra la nieve. Te daba sensación de paz".
Pero se trata sólo de un atisbo momentáneo de nostalgia. A sus 29 años ha hecho un cambio valiente, que le enorgullece y reconforta. Mira por la ventana el aparcamiento y aparta la bandeja intacta de patatas fritas. "Puede haber sencillez en todas partes".
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