martes, 8 de abril de 2014

HD: "La ola" - "Die Welle - Una dictadura, ¿es posible en nuestros días?

Tabla comparativa 2º B

Todos los equipos publicarán a manera de comentario los siguientes datos:

a) Gobierno y religión
b) Rol del hombre
c) Rol de la mujer
d) Valores
e) Ideales
f) Corriente filosófica implícita en su forma de vida

Les pido que sus comentarios vayan en el siguiente orden:

1. E. U.A
2. Japón
3. Cuba
4. Corea del Norte
5. China
6. Finlandia
7. India
8. Afganistán

Les recuerdo que es material de examen.

Tabla comparativa 2ºC

Los equipos que no expusieron en clase, deberán comentar los datos correspondientes.

a) Gobierno y religión
b) Rol del hombre
c) Rol de la mujer
d) Valores
e) Ideales
f) Corriente filosófica implícita en su forma de vida

Los países que faltaron, son:

1. Finlandia
2. Cuba
3. India
4. Afganistán
5. Haití
6. Venezuela

Recuerden que es material de examen.

viernes, 4 de abril de 2014

Los mexicanos y la felicidad

Los mexicanos, ¿más felices que los estadounidenses? Un estudio dice "sí" 

México alcanzó el lugar 16 de los países más felices, lejos de los niveles del norte de Europa pero mejor que Alemania, Japón y China

Por Georgia McCafferty
Lunes, 09 de septiembre de 2013


(CNN) — Quienes busquen una mayor felicidad y satisfacción en la vida deberían considerar el norte de Europa y mantenerse alejados de Egipto o los países más afectados por la crisis en la eurozona, según el Reporte de Felicidad Mundial 2013, publicado este lunes por el Earth Institute de la Universidad de Columbia.
Dinamarca, Noruega, Suiza, Holanda y Suecia son los países más felices del mundo, según la encuesta aplicada en 156 países. En tanto, Rwanda, Burundi, la República Centroafricana, Benin y Togo —todas naciones del África subsahariana— son las menos satisfechas con sus vidas, según el reporte.
México aparece en el lugar número 16, un lugar arriba de Estados Unidos en términos de felicidad, pero lejos del otro vecino en América del Norte: Canadá, sexto lugar de la lista.
Australia aparece en décimo, Israel en undécimo y los Emiratos Árabes ocupa el sitio 14, según el Instituto.
En tanto, Gran Bretaña es el número 22 de la lista; Alemania está en el 26; Japón en el 43; Rusia el 68, y China 93.
Los altibajos de la vida
La encuesta global fue realizada entre 2010 y 2012, y ocurre después de la publicación en 2012 de los primeros listados del Earth Institute. "El mundo se ha vuelto un lugar ligeramente más feliz y más generoso durante los últimos cinco años",  los problemas económicos y políticos han resultado en una gran reducción de niveles de bienestar en algunas naciones.
Las mediciones de Grecia, Italia, Portugal y España cayeron dramáticamente debido al impacto de la crisis en la zona euro, mientras que Egipto, Myanmar y Arabia Saudita registraron mayores caídas tras los recientes disturbios políticos
Egipto tuvo las mayores disminuciones en los índices de felicidad. En una escala del 1 al 10 —con 10 como lo más feliz–, Egipto promedió 4.3 en 2012, comparado con un 5.4 en 2007.
"Encontramos que estas pérdidas son mucho mayores que las ocasionadas simplemente por menores ingresos", indica el reporte, destacando que el mayor factor único reductor de los niveles de felicidad en estos países era que la gente percibía una menor “libertad para tomar decisiones clave en la vida”.
Angola, Zimbabwe y Albania experimentaron los mayores incrementos entre los países encuestados.
“Sobre una base regional, por mucho los mayores avances en las evaluaciones de vida en términos de prevalencia y tamaño de los ingresos han ocurrido en América Latina y el Caribe, y el África subsahariana”, indica el reporte. Los menores niveles de corrupción también contribuyeron con el aumento en este indicador.
Los gobiernos que buscan mejorar la felicidad de sus poblaciones deberían gastar una mayor proporción de sus presupuestos de salud en enfermedades mentales, el mayor “determinante de miseria” en los países evaluados, según los autores del estudio.
“La gente puede ser infeliz por muchas razones, desde la pobreza, el desempleo y la desintegración familiar hasta malestares físicos”, detalla el reporte. “Pero en una sociedad particular, las enfermedades mentales crónicas son una causa altamente influyente de miseria”.
“Si queremos un mundo más feliz, necesitamos un completamente nuevo acuerdo en salud mental”.
La gran felicidad nacional
El Reporte Mundial de Felicidad 2013 ocurre en medio de un movimiento global de crecimiento que exige a los gobiernos y tomadores de decisiones reducir su énfasis en conseguir el crecimiento económico y enfocarse en políticas que puedan mejorar el bienestar general de la gente.
La idea de “economía de la felicidad”, propuesta por primera vez en 1972 por el antiguo rey de Bután, Jigme Singye Wangchuck, ha ganado fuerza entre varios países del mundo, incluyendo Reino Unido, Alemania y Corea del Sur.
La ONU exhortó por primera vez a sus países miembro a medir y usar la felicidad de su gente como guía de políticas públicas en julio de 2011.
“Es importante balancear las medidas económicas de progreso con las medidas de bienestar subjetivo para asegurarse de que el progreso económico guía a mejoras amplias en los ámbitos de la vida, no solo una mayor capacidad económica”.

miércoles, 26 de marzo de 2014

Odio y violencia:estudio de caso C


RETORNO AL MANICOMIO MÁS GRANDE DEL MUNDO
EL PERIODISTA recorre los pasillos del instituto Columbine, donde se perpetró la matanza. Siente la tristeza que aún recorre las calles del barrio estadounidense que vio crecer a los asesinos, Eric Harris y Dylan Klebold, y morir a 13 inocentes
Por Pablo Pardo

Hace 10 años, Eric Harris llegó al final de una investigación que le había llevado semanas. Un estudio meticuloso, sistemático y discreto, en torno a una idea simple, pero difícil de responder en la práctica: ¿Cómo matar al mayor número posible de sus compañeros antes de suicidarse? Evidentemente, encontrar la respuesta no había sido fácil. Pero ahora ya tenía la conclusión: hacer estallar, a las 11.17 de la mañana, dos bombas en la cafetería del instituto Columbine, en el barrio de Littleton, una de las zonas más exclusivas de Denver, capital del Estado de Colorado.
Justo en ese instante, sus compañeros estaban comiendo. Era el momento del día en el que habría más estudiantes concentrados en un solo espacio. Dos explosivos bien colocados hechas con bombonas de propano podían fácilmente dinamitar el comedor y la biblioteca, que estaba en el piso de arriba. ¿Cuántos estudiantes morirían? El FBI estima que 600. Es una cifra que sin duda habría hecho feliz al joven. Claro que el plan de Harris, que trabajaba en equipo con su amigo Dylan Klebold, no acababa allí. Ambos planeaban disparar luego desde sus coches, en el aparcamiento de la escuela, a las víctimas que huyeran de la matanza.
Harris y Klebold fracasaron. El 20 de abril, la fecha elegida para la masacre, las bombas no estallaron porque sus temporizadores nunca funcionaron. Eso salvó la vida de cientos de niños. Pero no disuadió a los dos suicidas. Cuando ellas, que habían sido dejadas en el comedor unos minutos antes metidas en sendas bolsas de deporte, no explotaron, Harris y Klebold salieron de sus coches y se dirigieron, armados hasta los dientes, a la escuela.
A las 11.19 se encontraron con Rachel Scott y Richard Castaldo, ambos de 17 años, que estaban sentados, comiendo, en el césped frente a la entrada del instituto. Empezaron a dispararles y, en un momento dado, cuando Rachel estaba herida, Eric le dijo: «¿Todavía crees en Dios?». Ella le contestó: «Sí», y Eric le dijo: «Entonces vas a ir con él», y le disparó en la cabeza.Eso lo sabemos porque Richard, que recibió ocho tiros pero sobrevivió, lo contó a su madre cuando recobró el conocimiento en el hospital.
«Todavía tenemos un mensaje de la madre de Richard grabado en el buzón de voz del teléfono diciéndonoslo». Así se explicaba el jueves pasado Dana Scott, una de las hermanas mayores de Rachel, en un despacho de Rachel's Challenge (El desafío de Raquel), una ONG destinada a prevenir la violencia entre los jóvenes de Estados Unidos. La organización nació como una especie de empresa familiar, en las que también están involucrados el padre de Rachel y su hermano, Craig, que sobrevivió haciéndose el muerto bajo una mesa de la biblioteca de Columbine, entre los cadáveres de dos de sus compañeros.

Crónica regresa, la víspera del décimo aniversario de la matanza, al barrio de Denver y descubre que Columbine aún les tiene enloquecidos.Un inmenso manicomio al aire libre. En Littleton muchos, te cuentan, han encontrado a Dios tras la tragedia. En el ambiente se mezclan las voces de los deudos y los supervivientes. La de Dana nos lleva hasta su difunta hermana, Rachel Scott, la primera víctima, cuyo funeral tuvo más audiencia que el de Lady Di.
COMPLEJO DE CULPA
Hoy, Richard no recuerda el diálogo entre Rachel y Eric. «No me sorprende», le justifica Dana. «Incluso yo no recuerdo cosas que pasaron en aquellos días», sobre todo entre el mediodía del 20, cuando su jefe le dijo «¿Has visto lo que ha pasado en la escuela?» y la mañana siguiente, en el momento en el que las autoridades informaron a los Scott de que Rachel estaba muerta.Muchos de los supervivientes tienen «complejo de culpa», un fenómeno que sucede también a los soldados que han sufrido la muerte de compañeros. El propio Richard admite que tiene grandes dificultades para hablar, incluso a sus familiares, de lo que pasó aquel 20 de abril.
La diferente experiencia de Rachel y Craig -por una parte- y de Richard -por otra- refleja las contradictorias secuelas de la matanza de Columbine. Por un lado está el ejemplo de Rachel, que el jueves llevaba incluso un jersey con el logo del instituto y recomendaba al periodista visitar la tumba de su hermana. O el de Tom Mauser que, tras perder a su hijo de 15 años, Daniel, cuando Eric le descerrajó un tiro en la cara, se convirtió en un activista contra la libre tenencia de armas de fuego. Por otro, el de las familias que no sólo no se han involucrado en campañas, sino que ni siquiera han realizado una sola declaración pública.
«Algunos se han volcado en el activismo; otros, en la privacidad», ha explicado a Crónica Jeff Kaas, autor del libro que, según los medios de comunicación de EEUU, es el estudio más serio sobre la matanza, Columbine. A True crime story (Columbine. Una historia sobre un crimen verdadero). El máximo ejemplo del segundo grupo son los padres de Eric Harris, que siguen viviendo en Littleton, pero nunca han hablado en público. Los Klebold, por su parte, viven en la misma casa y tienen los mismos empleos que en 1999.Sólo salieron de su autoimpuesto ostracismo en 2004 para mantener un breve intercambio de correos electrónicos con el columnista de The New York Times David Brooks. En el artículo, Brooks explicaba que la madre, Susan, «piensa en marcharse todos los días», pero que su marido, Tom, se oponía con el argumento de que «no puedes escapar de una cosa como esta».
Efectivamente, Columbine ha cambiado a todos a los que tocó.Incluso a quienes apenas tuvieron que ver con ella o benefició indirectamente. Mark Obmascik ganó en 2000 el Premio Pulitzer -el Nobel del periodismo en EEUU- por su cobertura de la matanza para el diario Denver Post. Poco después dejó el periodismo activo para escribir libros sobre naturaleza. «Columbine fue una experiencia reveladora para mí», declaraba Obmascik a Crónica el miércoles.«Fue un momento en el que comprendí que hasta los niños pueden hacer lo peor. Y también los medios de comunicación dejamos el listón bastante bajo, porque convertimos aquello en un reality show».
La tragedia -12 estudiantes y un profesor muertos, más Klebold y Harris, y 23 heridos- desencadenó otras. Anne Hotchhalter, de 17 años, recibió cinco balazos. Uno de ellos le partió la médula espinal y la dejó en una silla de ruedas para el resto de su vida. Seis meses después, su madre, Carla, compró un revólver y se suicidó de un tiro en la cabeza. Su padre, Eric, se fue a vivir a una cabaña aislada del resto de la Humanidad en las Montañas Rocosas.

Pero el instinto social del ser humano fue más fuerte que el dolor. En 2002, Eric se casó precisamente con la terapeuta que le había ayudado psicológicamente en sus peores momentos. Al final, él también ha utilizado su tragedia para ayudar a los demás, y hoy trabaja como asesor de familias con hijos problemáticos.La propia Susan Klebold ayuda en las escuelas de la zona. «Sé que mi hijo podría haber matado a los chicos con los que trabajo», declaró en 2004 a Brooks.
Columbine ha cambiado a todos. Pero no ha hecho con Littleton, un sofisticado barrio de chalés situado junto a una fábrica de Lockheed Martin, que hasta mediados de los 80 fabricó misiles que apuntaban a la Unión Soviética (con sus respectivas cabezas nucleares). Desde entonces hace cohetes para la NASA.
Los institutos continúan teniendo problemas de violencia. Los adolescentes son crueles entre sí. En Estados Unidos, la palabra loser (perdedor) es un insulto -no ser alguien «popular», que liga con el sexo opuesto y despierta la admiración del propio- y un pasaporte hacia la marginación, el odio al grupo y, finalmente, a la violencia. «Cuando, como les pasaba a Klebold y a Harris, eres un marginado, sin amigos, o con amigos que también son excluidos, y vives en un suburbio o en un pueblo, no tienes a dónde ir, no tienes donde esconderte. Y eso genera violencia», explica Kaas.
Colorado es violento. Ya en 1883, en el Salón de Leadville -una ciudad a 175 kilómetros de Littleton que en aquella época era, gracias a sus minas de plata, la localidad más rica del mundo- el escritor británico Oscar Wilde vio que «sobre el piano estaba escrito en letras impresas el anuncio: "Por favor, no disparen al pianista. Lo hace lo mejor que puede"».
El Estado era así en el siglo XIX y sigue siéndolo en el XXI.Después de Columbine- una palabra que designa a lo que en España llamamos «aguileña», una flor de montaña que abunda en Asturias-, pocos han cuestionado el uso generalizado de las armas de fuego.David, el dueño de la armería Shooting Shop South (La tienda de los tiros del sur), situada en el centro de Littleton, explicaba el jueves que las ventas de armas se han disparado porque «la gente tiene miedo porque hay un socialista en la Casa Blanca».
VACIOS LEGALES
Para David, la tragedia de Columbine «sólo refleja que los padres y los educadores no prestan atención a los chicos, no se fijan en las señales que ellos dan». Dana Scott también opina que la matanza tuvo más que ver «con la violencia en los medios de comunicación, en el cine y en los videojuegos», que con la proliferación de las armas de fuego. Igual que Obmascik, para quien «las armas son parte de la experiencia de ser estadounidense». Una experiencia que parece incluir una serie de vacíos legales que permitieron que unos niños de 17 y 18 años como Klebold y Harris se hicieran con un fusil de asalto Kalashnikov como los que usan los talibanes para matar soldados estadounidenses.
Tampoco ha cambiado mucho la escuela en la que, literalmente, Harris y Klebold se cansaron de asesinar gente (poco antes de suicidarse, cuando llevaban más de media hora de matanza, uno de ellos se quejó de que se aburría y que deberían haber «apuñalado con cuchillos» a sus víctimas). Los pasillos de techo bajo con miles de taquillas a los lados por los que los dos adolescentes perpetraron su orgía de balazos siguen allí. Igual que la gran aguileña bordada en el felpudo de la entrada, sobre la que un chico y una chica están tumbados, charlando. Hace 10 años, estos mismos suelos estaban repletos de jóvenes muertos, agonizantes y heridos. Sólo a la salida de la escuela, junto al parking en el que Klebold y Harris aparcaron sus coches a la espera de una matanza todavía mayor, un cartel anuncia: «Día 20 de abril. Un día para recordar. Un día para la esperanza».