jueves, 20 de marzo de 2014

COMUNIDAD, USOS Y COSTUMBRES (Participación 1)


Rebelión de los jóvenes amish

Sin coches ni electricidad ni teléfono. Los amish viven en EE UU como si fueran un pueblo del siglo XIX. Cuando los jóvenes cumplen 16 años cruzan al otro lado para ver el mundo moderno. El choque es brutal. Un 10% decide no volver a la comunidad. Tres de esos chicos cuentan su experiencia.


Nada más dejar la carretera comarcal de Goshen, en Indiana (Estados Unidos), uno se encuentra con un grupo de casas modulares construidas por piezas. No se le podría llamar barrio; no es más que una carretera pavimentada flanqueada por casas idénticas situadas a varios metros de distancia. Acaba de anochecer y reina la soledad. Un Camaro salpicado de barro, el emblema de la testosterona adolescente de clase media, está aparcado a la entrada de una de las casas. La puerta principal está abierta. En su interior, el olor a rancio es insoportable. Todas las cortinas están corridas y la sala de estar completamente a oscuras. El gigantesco televisor de pantalla plana de 52 pulgadas domina la estancia y ofrece una teleserie que nadie está viendo. Hay tres butacas de cuero en las que se han quedado dormidos sendos hombres, totalmente vestidos. La cocina está nueva, reluciente, a estrenar. Los ceniceros están plagados de colillas consumidas y nadie se despierta ante la presencia de un extraño. No hay ruido ni prisa ni sentido del tiempo. Aquí es donde Gerald Yutzy vive en el limbo.
Gerald, de 24 años, fue educado como amish. En Goshen vive una amplia comunidad amish y el monocromático mundo religioso en el que nació existe en un salto en el tiempo no mecanizado. Conviven con el mundo moderno, cuyos ciudadanos adoptan con avaricia accesorios y posesiones materiales y no consideran pecado utilizar un lavavajillas o un ordenador; gente más o menos como nosotros.
El aparcamiento del almacén Wal-Mart local dispone de plazas para los caballos y carros amish. Se les puede ver en los pasillos, vestidos con ropa sencilla hecha en casa, las mujeres con vestidos grises y gorros blancos, los hombres con sombreros de fieltro negros, tirantes y barba sin bigote. Cuando un hombre amish se casa se deja barba -el bigote recuerda demasiado a los militares-, y así sigue, haciéndose más larga a medida que pasan los años. En Estados Unidos, los amish siguen siendo idealizados en gran parte como un pueblo amable y discreto que porta la antorcha de un pasado poetizado. Llevan una existencia típica del siglo XIX y creen en valores sencillos orientados a la familia. Son muy reservados, no hacen proselitismo y tampoco pretenden formar parte de una cultura en la que el progreso tecnológico y la prosperidad engendran orgullo, poder y estatus, y conducen a la ruptura de las relaciones.
Los amish, cuyas raíces se encuentran en el movimiento anabaptista, huyeron de Alemania hacia Pensilvania en el siglo XVIII. No poseen coches, electricidad ni teléfonos en casa. Son educados con los ingleses, pero inaccesibles e inabordables; no hacen fotografías y no les gusta que otros se las hagan. Creen que sus hijos sólo deberían ir a la escuela hasta octavo curso (a los 14 años) para evitar que se vuelvan "demasiado orgullosos". Su fe se centra en la humildad y se reafirma en la Iglesia, la familia, la comunidad y un estilo de vida sencillo basado en la agricultura y la carpintería. Es de esta forma de vida de la que Gerald ha querido aislarse.
Cada parroquia decide qué acepta y qué no acepta, no existe una única figura dominante. La Iglesia prosigue en el hogar. Los amish de la vieja guardia son más ortodoxos que los de la nueva, en la que se permiten actividades como utilizar un tractor. Pero independientemente de la parroquia u orden amish, hay un principio inquebrantable según el cual los padres no obligan a sus hijos a adoptar su fe. Los anabaptistas creen que el bautismo es una decisión voluntaria que debe tomarse en la edad adulta.
Cuando Gerald cumplió 16 años, se le animó, al igual que a cualquier otro chico o chica amish, a explorar el mundo inglés antes de decidir si se "unía a la Iglesia" o no. Se espera que esto les ayude a tomar una decisión con fundamento. Durante este tiempo, pueden experimentar las libertades del mundo moderno -citas, fiestas, beber, conducir, llevar vaqueros-, y generalmente durante varios años. Algunos se quedan en casa, pero muchos deciden huir de la intensa supervisión de sus padres y alquilan su propia residencia. Los padres no siempre aprueban las decisiones de sus hijos -especialmente en lo relativo a comprar coches e independizarse-, pero las toleran. La nueva vida de Gerald es un testimonio de su independencia, pero puede regresar a casa siempre que quiera. Y si finalmente se bautiza, todos los pecados le serán perdonados automáticamente y quedará limpio.
La mayoría regresa cinco años después, generalmente cuando están listos para formar una familia. En el caso de Gerald ya han pasado ocho años. Su reticencia a volver es comprensible. Si lo hace, se incorpora a la Iglesia, es bautizado, y luego cambia de idea y renuncia a sus costumbres amish por las de los ingleses, sus acciones tendrán una recepción mucho peor. La práctica amish del rechazo -una severa expulsión- es el precio que deberá pagar. La puerta de su familia quedaría entonces cerrada para siempre.
El índice de regresos es elevado. Aproximadamente un 90% rehúsa el mundo moderno y todos sus alicientes. Pero un grupo reducido, al igual que Gerald, no desea abandonar su recién estrenada libertad. Así que, ¿están bien preparados los jóvenes amish para emprender el viaje a un mundo para cuyo recorrido no tienen conocimientos ni dotes sociales?
Inician este viaje con solvencia, ya que han trabajado desde los 14 años y han reunido muchos ahorros, pero con una educación limitada. Llegar de una vida joven que consiste prácticamente en trabajar, acostarse pronto y leer la Biblia, arropados por estrictas normas familiares, y cruzar la calle a un mundo de sexo, drogas y gangsta rap puede provocar un estrés enorme. ¿De verdad es sorprendente que tantos huyan del terrible y vacío mundo de los ingleses hacia el santuario de su familia amish?
Gerald, despierto ahora en su casa de la solitaria calle frente a la carretera, con el Camaro aparcado en la puerta, pertenece al 10% aproximadamente que ni está bautizado ni ha sido rechazado. "No he renunciado a ser amish", afirma en voz baja. Se sienta ante una mesa camilla con cristal. Ha estado durmiendo y sale como nuevo de una ducha de 45 minutos, oliendo a champú y luciendo sudadera con capucha y pantalones anchos.
Sus padres todavía le presionan para que vuelva, pero como ya no pasa demasiado tiempo en casa, no es algo que considere una prioridad. Ahora su vida consiste en trabajar y dormir en su pequeña habitación, que parece una cueva. Tiene chicas desnudas en la pantalla del ordenador, televisión con mando a distancia y algo de marihuana sobre la cama.
La habitación contigua a la suya pertenece a su amigo Jonás, y hace gala de una limpieza obsesiva. Más tarde, Jonás explicará que es su novia quien la mantiene tan limpia.
Jonás se acaba de levantar y se relaja viendo la televisión. Tiene seis hermanas y dos hermanos y trabaja en una fábrica que produce vehículos recreativos. No va a la iglesia y no piensa renunciar a su coche porque le gusta la velocidad. Tiene 23 años y dice que a los 17 ya sabía que no volvería. Se ha levantado a las seis de la mañana para ir a cazar.
Gerald no es cazador. Es tranquilo, sensible y parece de una irresponsabilidad contenida. Toda la semana trabaja con su padre amish en la fábrica, desde las cuatro y media de la madrugada hasta el mediodía. Habla con sensatez. A diferencia de la mayoría de niños amish, que asisten a un colegio de una sola aula, Gerald fue a una escuela normal, pero sólo hasta los 14 años. También se crió en una familia relativamente pequeña, con sólo un hermano y dos hermanas; la mayoría de las familias amish cuentan con once o doce hijos. Tiene teléfono móvil y suena varias veces. "Es mi padre", dice, y hace caso omiso, explicando que han tenido una gran discusión porque fuma marihuana.
No hubo ningún momento concreto en que dejara de considerase amish. Fue algo gradual, recuerda. Ya no piensa en ello, y afirma, varias veces y con convicción, que no lo echa en absoluto de menos. Aun así, dice que sigue creyendo en Dios y en el paraíso y que el modo más sencillo de entrar en él es siendo amish.
El año pasado quería ver la película 'La pasión de Cristo', de Mel Gibson, pero no pudo hacerlo porque se habría sentido demasiado culpable. Tiene la libertad para hacer y pensar lo que quiera, pero su conducta sigue estando mediatizada por su educación. Esta confusión es manifiesta cuando habla sobre una reciente experiencia, en la que uno de sus amigos murió asesinado durante un robo.
"Cuando era más joven nunca hubiera imaginado que alguien sería capaz de hacer algo así. No tiene sentido", afirma. A los niños amish se les enseña a confiar y a creer en la bondad de la gente. Cuando ocurren cosas malas dentro de la propia comunidad -enfermedades mentales, abuso de drogas o incesto, acusaciones que se han publicado recientemente en la prensa-, su planteamiento es llevarlo con discreción, proteger a los suyos y solucionarlo ellos mismos.
También está enraizado en la idea amish de la gelassenkeit o sumisión. Las esposas obedecen a los maridos, los hijos a sus padres, y los amish consideran pecado negar el perdón. A Gerald le resulta difícil comprender algo como un acto de violencia aleatorio, debido a su educación enclaustrada. Suspira: "Con el tiempo, llegas a un punto en el que ya no te sorprende. A veces creo que ya no le pasan cosas buenas a la gente".
Es difícil decir si su cinismo es el resultado de vivir en el mundo inglés o si forma parte del proceso natural y orgánico de madurar.
Han pasado algunas horas y Gerald acepta salir a cenar. Lo de comer fuera no es algo que él y sus amigos hagan a menudo. No hay demasiadas opciones, aparte de la comida rápida, y hay días en que incluso se olvida de comer. Tampoco hay mucho que hacer en Goshen. El pueblo tiene una sala de billares, un cine y una bolera, pero la mayoría de las noches él y Jonás se quedan en casa.
Jonás se niega a moverse de su butaca. Suelta como disculpa: "Ya saldré mañana".
Gerald es de modales circunspectos, así que cuando reacciona con una sacudida mínima de emoción, se nota. Nos sentamos en un reservado de un falso restaurante italiano; pide una cerveza y come con desgana la "interminable" ensalada. Le sorprende oír que el 90% opta por regresar y unirse a la Iglesia. "¿Noventa?". Pone los ojos en blanco. "Es mucho más que eso. Diría que es un 99,9%".
La apatía y el sopor le hacen sentirse prisionero; podría ser la marihuana, o quizá el aburrimiento mortal de la América profunda, o a lo mejor que su infancia nunca le preparó para pensar en la independencia, la ambición y la vida fuera de la familia y la Iglesia. Ahora ocupa el lugar entre esos dos mundos, una pauta constante de ir a la deriva y dormir.
"Nada me emociona. Ahora mismo soy una persona sin metas. Y ahí está el problema, necesito tener algún objetivo y ponerme las pilas. No tengo ambiciones. Me limito a ir a trabajar, volver a casa, ir a trabajar y dormir". Toma un trago de cerveza. "Sé que no puedo vivir así para siempre". Habla sobre su deseo de viajar, pero el interés se nota distante. Fue a Florida y vio el océano. Ha estado en Nueva York. ¿Y qué sintió? "Estaba bien, pero a veces es mejor quedarse en casa, ¿me entiendes?".
¿Y qué hay de sus padres? Les resulta difícil aceptar la decisión que parece haber tomado. Quieren que regrese, le piden un motivo por el que no lo hace. Pero no tiene ninguno. Para Gerald y para muchos jóvenes amish sus costumbres son, más que la religión, su estilo de vida. De modo que cuando le pregunto qué es lo mejor de su nueva vida, hace una importante puntualización: "No es mejor. Pero me gusta".
Aun así, cree que la libertad de la que goza no es buena, y, curiosamente, a pesar de lo que le aporta, se considera un desfavorecido. Resulta sorprendente que reconozca que la vida que rechazó es una vida privilegiada: "Al ser amish estás vinculado a una comunidad. Harán cualquier cosa por ayudarte. Todo el mundo colabora". Se encoge de hombros ante su decisión actual de rechazarla. "Ni yo mismo lo entiendo", confiesa.
Quizá sea en parte porque Gerald es una persona solitaria y odia los "contratos" de cualquier tipo, ya sean religiosos o de otra clase. La libertad personal significa que le dejen en paz. Tuvo una novia formal, pero le traicionó (no habla del tema), y desde entonces no ha mostrado demasiado interés en salir con nadie. Podría si quisiera -aunque no se fija en las chicas que le miran al pasar-, pero reconoce que ahora mismo no tiene libido y no se imagina casándose.
Hace unos años le pidieron que asistiera al famoso programa de televisión de Oprah, pero se escabulló en el último momento porque se sentía extraño. Luego, al ver el programa, se disgustó porque consideraba que retrató a los amish como habitantes de la Edad de Piedra y a sus mujeres como simples criadoras de hijos. Cuando habla sobre el tema, queda claro que todavía se siente leal, protector y a la defensiva cuando tocan a su antigua comunidad. ¿Duda sobre su actual decisión de abandonar la Iglesia? Niega con la cabeza. "Sé que no he cometido un error, sé que no sería más feliz siendo amish porque no me gusta serlo, pero, a la vez, sería mucho más sencillo y mejor para mí".
Las carreteras que rodean Goshen están flanqueadas por carteles que muestran torsos escuálidos. El titular dice: "Los estragos del cristal". La metanfetamina (más comúnmente conocida como speed, velocidad) es una droga popular en esta región del país y una de sus características más insidiosas es que destruye paulatinamente la parte del cerebro que gobierna la experiencia del placer. La memoria emocional y la capacidad para recordar el placer quedan dañadas. Esto también dificulta el disfrutar de la vida una vez que uno recupera la sobriedad. Se considera al speed la droga más adictiva porque aumenta la producción de dopamina en el cerebro, inundándolo pero asfixiando irrevocablemente su fuente hasta que ya no produce suficiente como para mantener una existencia emocional sana. Reduce la capacidad cerebral para recrear el placer, y por eso la recaída es tan frecuente; los reincidentes lo consumen para regresar a un estado de euforia que ya no existe.
Resulta difícil no especular sobre si el letargo, la inusitada carencia de excitación alimentada por las hormonas, la falta de ambición, o sencillamente de iniciativa en el círculo de amistades de Gerald, tendrá algo que ver con la cultura de la droga en esta pequeña comunidad. La impoluta habitación (la limpieza y orden obsesivos a veces son el resultado del ímpetu producido por el speed), las excesivas horas de sueño, el anquilosamiento de su existencia pueden ser indicios.
Si la metanfetamina se fuma, la consecuencia es la llegada instantánea de una dosis al cerebro; el subidón va seguido de la capacidad para mantenerse despierto hasta 36 horas seguidas. A los trabajadores de las fábricas se les paga por piezas, de modo que, cuanto más tiempo puedan mantenerse despiertos, más dinero podrán ganar. El crank -o arranque, la forma calcárea de la metanfetamina- es más accesible que el cristal (también conocido como ice o hielo), y pueden comprarse los ingredientes en una tienda de alimentación. Un proveedor de tratamientos para adictos del centro de rehabilitación local afirma: "Cualquiera con una educación de octavo curso puede fabricarlo".
"La mayoría de la gente que ingresa aquí es remitida por los juzgados. No hay muchos que lleguen por motivación personal". Calcula que entre un 8% y un 10% son amish, y, teniendo en cuenta la rigurosa naturaleza conservadora de su vida, la mayoría de ellos debe de estar en su intervalo rumspringe (ese merodeo adolescente antes de bautizarse), ya que la propia comunidad impone la ley local sin demasiados problemas. Tampoco es inusual que los amish que se enganchan a las drogas regresen y se unan a la Iglesia como método de rehabilitación y recuperación. Julie Dijkstra, ayudante del sheriff del condado de Elkhart, afirma que los amish abordan los problemas de forma interna.
La noche siguiente, Lyndale Schmucker se apoya en su camioneta roja, que está aparcada en la puerta de la casa de Gerald y Jonás. Está marcando números en su teléfono móvil. Gerald está dentro, dormido en su habitación, y la puerta principal está cerrada. Lyndale espera a Jonás, que todavía no ha vuelto. El rechazo de Lyndale, de 23 años, al mundo amish es más profundo, más agresivo, que el de Gerald, y no siente ninguna lealtad hacia sus raíces. Mete las manos hasta el fondo de los bolsillos de sus vaqueros y mira hacia el suelo. Su voz es grave y explica que ya no se considera amish en absoluto. Para él, el rechazo es una reacción a la hipocresía. Sigue yendo a la iglesia y habla sobre la época en que llevaba pantalones caqui en lugar de ropa amish. "Yo les decía que era ropa sencilla, de vestir. Pero no les gustaba. Y les preguntaba: '¿Por qué os fijáis en la ropa de la gente?'. Todos estamos allí por el mismo motivo. ¿Estamos allí por la ropa? No lo entiendo". Cita una larga lista de incoherencias. Por ejemplo, que los amish no permiten tener teléfono en casa, pero utilizan las cabinas públicas. "No entiendo por qué no permiten tener teléfono. Es algo necesario. Los teléfonos pueden salvar vidas. ¿Pueden tener uno fuera, a dos metros, pero no dentro de casa? Y no quieren que tengamos vehículos porque está mal, pero luego quieren que les llevemos a todas partes".
"Le dije a mi madre", continúa, "que no pensaba unirme a la Iglesia hasta que pudiera explicarme la diferencia entre tener un teléfono en casa o a dos metros de la puerta. Me respondió: 'No lo utilizarás tan a menudo como si estuviese colgado de la pared'. Pero en cuanto necesites un teléfono, saldrás fuera y lo usarás". Acaba casi todas sus frases encogiéndose de hombros y con un: "No lo sé, es cosa mía". Su madre cree que sería más feliz si se uniera a la Iglesia, pero no está nada convencido. "Si vendiera mi camioneta y todo lo que tengo, ¿cómo iba a ser más feliz?".
Cuando se le pregunta sobre la transición, admite que no le resultó fácil: "Sufres mucho. Tienes que luchar. Cuando te vas a comprar tu primera camioneta, tus padres no quieren que lo hagas. Lloran porque está mal. Se hacen ilusiones. Para ellos es difícil ver que sus hijos no les obedecen. Ser amish te complica la vida. Siempre tienes que molestar a alguien para que te lleve a algún sitio, o debes ir en bicicleta a hacer una llamada si no tienes una cabina cerca. Ahora, si quiero ir a algún lugar, me subo a mi camioneta y voy". Mira a lo lejos: "No me imagino renunciando a mi camioneta, al teléfono, pasar a no tener nada".
En general, parece que los que deciden no regresar están en un dilema, pero no confusos. No se plantean el impacto psicológico ni las consecuencias espirituales de sus acciones, porque no cavilan sobre la elección entre el mundo amish y el mundo inglés. Sencillamente, se formulan la pregunta que ocupa la mente de cualquier joven: "¿Qué me hará más feliz?". Y no están convencidos de que amish sea la respuesta. Para quienes no regresan a la Iglesia, no suele tratarse tanto de una acción decisiva o una declaración de creencias, sino de darse cuenta de que sencillamente no desean lo que tenían antes. Renuncian a un estilo de vida más que a una religión. Poseer un coche les resulta mucho más atractivo que un caballo y un carro.
Al norte de Goshen, Mary Mosley está esperando en el McDonald's frente a la carretera. No sólo los chicos rechazan el mundo amish. Las chicas también, y por un motivo en apariencia más sólido. Las mujeres siguen estando mayoritariamente subordinadas a los hombres. Mary tomó la valiente decisión de abandonar el mundo amish y ahora vive completamente repudiada. Ha aceptado asistir a la cita para tomar un café y está sentada con las manos cruzadas, que reposan sobre la mesa frente a una bandeja de plástico con patatas fritas. Su voz es poco más que un susurro, pero está ansiosa por hablar y transcurren varias horas mientras cuenta su historia.
Mary fue criada como amish en el condado de Nappanee; comenzó a trabajar a los 18 años fabricando fundas de asientos para aviones. Todavía llevaba ropa amish, pero sabía que no se incorporaría a la Iglesia. Dice que lo sabía desde los 15 años, cuando fue lo bastante mayor para darse cuenta de que "dicen que ésas son las normas, pero no las cumplen".
Sí, los amish no tienen coche, pero no tienen el menor problema para montarse en uno. Su punto de vista es que sólo los ricos pueden permitirse tener un coche, y, por tanto, eso crea desigualdad y divide a la comunidad. Es una muestra de riqueza y estatus y un instrumento de división. Pero Mary no está convencida, cree que la desigualdad no se erradica prohibiendo ser propietario de un coche y que también hay esnobismo en la comunidad. En su caso, la sensación de desigualdad vino porque su familia era pobre. "No existe comunidad para la gente pobre". Cuando era pequeña, se reían de ella por el tejido de su ropa. "Si no comprabas ciertas telas, no ibas a la moda". Para su familia era difícil. Por ejemplo, aunque los amish no permiten tener vehículos a motor, un carro con cuatro caballos denota más riqueza que otro con un solo caballo. Y la raza también. "Existe mucha competencia con los caballos. Cuál es el más fuerte y todo eso. ¿Y por qué un chico puede comprarse un carro, pero una chica no?", se pregunta. Las expectativas de las mujeres amish no son negociables. No trabajan una vez que tienen hijos, no gozan de igualdad con su marido. A Mary esto nunca la convenció.
Pero también veía otras contradicciones. Explica que a algunas mujeres se les permite tener teléfonos móviles cuando están embarazadas y conservarlos en casa mucho después del parto. Y algunos de los amish del nuevo régimen permiten tener pequeños electrodomésticos o guardan herramientas eléctricas en el garaje. Cree que, a pesar de la máxima de igualdad, hay tanta competencia en el mundo amish como fuera de él, "sólo que no hablan de ello".
Vivió en casa hasta los 21 años, y cada vez estaba más desilusionada. "Veía el nombre amish utilizado en anuncios de pan y mantequilla de cacahuete". Pero la educaron para creer que si no era amish no iría al cielo. Se marchó, compartió un apartamento con una amiga amish, y trabajó de electricista. Su familia rezaba para que volviera. Regresó e hizo borrón y cuenta nueva. Pero poco después del bautismo sintió que estaba viviendo una mentira. No se encontraba cómoda y, lo que aún le inquietaba más, le disuadían de que pensara por sí misma.
Una vez que decidió que ya no sería amish, se sintió en paz. Dejó de llevar ropa amish y se sintió liberada. Ahora vive con su marido inglés, su hijo y su hijastra, y siente mucho más la pareja de lo que podría esperar con un hombre amish. "Me respeta, lo hacemos todo juntos. No me considero estúpida". Ya no se considera parte de la comunidad, y asegura que sólo echa de menos algunas cosas: "Añoro conducir el carro en una fría mañana de invierno y oír las ruedas crujir contra la nieve. Te daba sensación de paz".
Pero se trata sólo de un atisbo momentáneo de nostalgia. A sus 29 años ha hecho un cambio valiente, que le enorgullece y reconforta. Mira por la ventana el aparcamiento y aparta la bandeja intacta de patatas fritas. "Puede haber sencillez en todas partes".
© The Sunday Times Magazine.

miércoles, 12 de marzo de 2014

Temario para segundo examen de ética



1. CONCEPTOS BÁSICOS: equilibrio natural, estilo de vida, consumo y dinámica poblacional.
- Postura de Malthus y Marx (ejercicio p.104)
- Apuntes
- pp. 100-104

2. CAUSAS Y CONSECUENCIAS DEL IMPACTO AMBIENTAL
- pp. 107-109, 112-113, 117-121

3. ECOLOGÍA, AMBIENTE Y DESARROLLO
- Ejercicio falso- verdadero
- pp. 125-133

4. POBREZA
- pp. 138-140

jueves, 6 de marzo de 2014

Guía de discusión: Ciudad de Dios

 1. Describe Ciudad de Dios
- Estructura
- Forma de vida de sus habitantes
- Origen de la favela

2. ¿Qué tipo de pobreza viven sus habitantes? Explica

3. ¿La pobreza determina las acciones de los habitantes de Ciudad de Dios o son pobres debido a sus acciones? Argumenta

4. En un momento de la historia un personaje reflexiona "¿Por qué quedarse en ciudad de Dios si Dios te ha abandonado?" ¿A qué se refiere?

5. ¿Qué es la vida para los habitantes de Ciudad de Dios?

6. ¿Quién es responsable de terminar con la situación que se vive en Ciudad de Dios: sociedad, gobierno o policía? ¿Por qué?

7. Elige uno de los siguientes personajes; descríbelo detalladamente explica la motivación de sus acciones. (Cohete, Trío Terno, Zé Pequeño, Benè, Los enanos o Manuel)

8. ¿Cómo afecta la calidad de vida de los habitantes de Ciudad de Dios a la forma en que se relacionan con su medio ambiente?

jueves, 20 de febrero de 2014

Consumismo y medio ambiente


Estilo de vida de las mujeres
En la sociedad contemporánea se dan cambios en los roles de hombres y mujeres. En el caso de estas últimas, sin duda, la creciente afluencia, independencia y confianza en sí misma de la mujer trabajadora, han provocado un cambio sustancial en sus roles, que incluyen los roles de compra femeninos. Conforme el poder de compra de las mujeres ha ido en aumento, también lo es su participación en un mayor número y diversidad de categorías de productos y/o servicios (Assael, 2000).

Algunas consecuencias de lo anterior es el aumento de la autoestima femenina que ocasiona que su tarea en tiempo de crisis no vaya más allá de mantener la actitud y bienestar de la familia, administrando el gasto familiar para hacer frente a las adversidades económicas. Y es la mujer quien principalmente toma las decisiones en este aspecto, en el entendido de que con ello cumple con una de sus obligaciones más importantes (Martin-Onraët, 2005). Al parecer, este tipo de mujer marca una tendencia que se está convirtiendo en una medida aspiracional común a todas las mujeres incluidas las mujeres mexicanas.
Este nuevo posicionamiento del papel de la mujer en la sociedad contemporánea, en opinión de Arboleya (2008), está relacionado con mujeres que, debido a sus ingresos, son las principales proveedoras de su  hogar, tengan pareja o no. Viven principalmente en áreas urbanas y buscan productos que mejoren su imagen y faciliten su vida cotidiana ya sea en alimentos, cuidado personal e higiene. El potencial que representan las mujeres como consumidoras y los cambios en sus roles han dado lugar a la necesidad de formular clasificaciones de estilos de vida, que sean congruentes con esta reciente y cambiante posición de las mujeres en la economía.
En un estudio realizado por Cornejo (2007) acerca del perfil psicográfico y las necesidades y gustos de consumo de los jóvenes universitarios, de los niveles socioeconómicos medio y medio alto del Área Metropolitana del Distrito Federal, las mujeres de nivel socioeconómico medio alto suelen gastar en ropa, accesorios, cosméticos, alimentos, recreación y ahorro. Anhelan destinar su actual gasto de comida a ropa y cosméticos. Por su parte, las jóvenes del  nivel socioeconómico medio gastan en alimentos, ropa, accesorios, cosméticos, transporte y recreación, y anhelan gastar más en ropa y tener acceso  a escuelas de paga.
Entre sus ambiciones está obtener logros personales y profesionales, ser independientes y dejar atrás el patrón de ama de casa. Para las jóvenes, los cánones de la moda actual tienen un gran impacto y viven preocupadas por su apariencia física. Asimismo, tienen mayor cuidado al planear sus gastos de la semana, ya que ello les posibilita darse pequeños gustos como comprar cosméticos y accesorios personales para estar a la moda (Cornejo, 2007).

Tabla 2. Estilos de Vida y características.
  1. FASHION

NSE Medio y Alto. Amas de casa entre 35 y 45 años con alta escolaridad. Actividades fuera del hogar. Su meta es el desarrollo personal.
No antepone sus obligaciones ante el placer personal. Disgusto por labores domésticas. Baja exposición a la TV.  En TV preferencia por cine extranjero, series, programas de humor, musicales y documentales. Alta compra de revistas. Alta atención a publicidad exterior
Género musical: rock y pop. En la compra se deja tentar por nuevos conceptos y suele pasarse de lo previsto. No presta atención a precios. Busca marcas de calidad superior y de prestigio

  1. PRAGMÁTICO
NSE Bajo.Media y baja escolaridad del ama de casa. Está en casa con la familia. Su meta es el bienestar y unidad familiar. Preocupada porque le alcance el gasto del mes. Alta exposición a la TV; en TV muestra preferencia por cine mexicano, telenovelas, concursos y programas de humor.
Baja compra de revistas. Baja atención a publicidad exterior. Género musical: grupera, norteña y romántica. Compra sólo lo que tiene previsto y casi siempre son los mismos productos.  Atención muy baja a folletos de tiendas. Si bien no es buscador de promociones sí presta atención al precio. Acostumbra ir directamente a comprar lo que necesita sin curiosear por la tienda.
  1. MADURO O TRADICIONAL
NSE Medio y Bajo. Amas de casa mayores a 45 años con baja escolaridad. Está en casa con la familia. Sus metas en la vida son: bienestar
y unidad familiar, mostrando bajo interés en su desarrollo personal. Antepone sus obligaciones ante  el placer personal. Gusto por labores
domésticas. Alta exposición a la TV. En TV muestra preferencia por cine mexicano, telenovelas, concursos, talk shows y noticieros.
Baja compra de revistas. Baja atención a publicidad exterior. Género musical: grupera, norteña y romántica. No se deja tentar por nuevos productos, comprando casi siempre lo mismo. Atención media a folletos (tiendas). No buscador de precios y promociones. Busca marcas de
calidad superior y de prestigio
  1. ABNEGADO
NSE Bajo. Ama de casa con baja escolaridad. Está en casa viendo TV y escuchando música. Sus metas en la vida son: bienestar
de sus hijos, tener trabajo, mostrando muy bajo interés en su desarrollo personal y en la calidad de vida. Sus principales preocupaciones
son: cómo conseguir más dinero, que le alcance el gasto del mes y su trabajo. Atención alta a publicidad exterior, revistas y diarios
Alta exposición a la TV; disfruta lo mismo viendo comerciales que programas de televisión. En TV muestra preferencia por cine mexicano,
telenovelas, talk shows y programas sobre famosos. No lleva lista pero casi siempre compra los mismos productos. Atención baja a folletos (tiendas). Buscador de ofertas y promociones
  1. MADURO EXITOSO
NSE Alto y Medio. Amas de casa mayores a 45 años con alta escolaridad. Actividades fuera del hogar. Sus metas en la vida son: desarrollo
personal, calidad de vida y unidad familiar. Atención alta a publicidad exterior. Atención media a publicidad en revistas y diarios. Baja exposición a la TV. En TV muestra preferencia por cine extranjero, series, programas de humor, musicales y documentales. Alta compra de
revistas. Género musical: clásica y ligera. Lleva lista de lo que va a comprar pero suele pasarse de lo previsto y se deja tentar por nuevos productos. Atención alta a folletos (tiendas). Muestra el menor interés por precio y promociones. Busca marcas de calidad superior y de prestigio, así como que protejan el medio
  1. CONSCIENTE ASPIRACIONAL
NSE Medio y Bajo. Amas de casa hasta 35 años con alta y media escolaridad.  Actividades fuera del hogar. Sus metas en la vida son: desarrollo personal, una vida estable y el bienestar familiar. Atención alta a publicidad exterior, revistas y diarios. Exposición media a la TV. En TV muestra preferencia por telenovelas, musicales, programas sobre famosos y de humor. Alta compra de revistas. Género musical:
todos. No lleva lista, casi siempre compra los mismos productos. Atención alta a folletos (tiendas). Buscador de ofertas y promociones. Le gusta curiosear por la tienda.

lunes, 13 de enero de 2014

La ética como regulador del avance científico y tecnológico 3


El Experimento Tuskegee

Tuskegee, Alabama. E.U. 1932-1972.


“El gobierno de los Estados Unidos hizo algo incorrecto –profunda y moralmente incorrecto. Fue una atrocidad hacia nuestro compromiso con la integridad y la igualdad para todos nuestros ciudadanos… claramente racista.”

-- Disculpa del Presidente Clinton a los 8 sobrevivientes del Experimento Tuskegee, Mayo 16, 1997 --




El Estudio de la Sífilis de Tuskegee (1932-1972), también conocido como el estudio de la Sífilis del Servicio de Salud Pública, fue un estudio clínico conducido alrededor de Tuskegee Alabama en donde 399 afroamericanos (mas 200 personas de un grupo control sin sífilis), pobres – y casi analfabetos – participaron en un estudio dirigido a la descripción de la historia natural de la sífilis. Este estudio se volvió notorio porque fue conducido sin el debido respeto a los sujetos de experimentación, y condujo a grandes cambios en la manera en que los pacientes debían ser protegidos en estudios clínicos. Los individuos reclutados en el estudio de Tuskegee no dieron su consentimiento informado y no fueron informados de su diagnóstico. En vez de eso, se les dijo que tenían “Mala Sangre” y que se les invitaba a recibir tratamiento gratuito en una clínica. También se les ofreció una comida caliente por día y 50 dólares en caso de muerte para solventar los gastos de su funeral.

Para 1947, la penicilina se había convertido en el tratamiento estándar para la sífilis. Antes de su descubrimiento, la sífilis frecuentemente conducía al desarrollo de una enfermedad multisistémica, crónica, dolorosa y fatal. En lugar de tratar a los sujetos sifilíticos con penicilina y cancelar el estudio, los científicos de Tuskegee se negaron a usar penicilina o a proporcionar información sobre la misma, con el objetivo de continuar el estudio acerca de cómo la enfermedad progresa y mata al paciente. Los participantes también fueron persuadidos de entrar a otros programas de tratamiento que estaban disponibles para otras personas en el área. El estudio continúo hasta 1972, cuando una filtración a la prensa – más que cualquier otra consideración ética o moral – condujo a su cancelación. El estudio Tuskegee es frecuentemente citado como uno de los más grandes incumplimientos de ética y confianza entre el médico y sus pacientes, en la realización de un estudio clínico en los Estados Unidos. El estudio de la sífilis de Tuskegee condujo a la elaboración del reporte Belmont y al establecimiento del Consejo Nacional para la Investigación Humana y los consejos Institucionales de Revisión de Protocolos de Investigación.

El grupo de estudio fue formado como parte de la sección para enfermedades venéreas del servicio de salud publica de los Estados Unidos (PHS). El inicio del estudio Tuskegee se le atribuye comúnmente al Dr. Taliaferro Clark . Su propósito inicial era seguir el proceso natural de la sífilis sin tratamiento alguno, en un grupo de hombres negros por 6 a 8 meses, para después continuar el seguimiento en una fase bajo tratamiento. Más tarde, el Dr. Clark accedió a la implementación de prácticas engañosas sugeridas por otros miembros del estudio. Clark se retiró del estudio un año después de que éste comenzó.


El Dr Oliver C. Wenger era el director de la clínica para enfermedades venéreas del PHS en Hot Springs, Arkansas. Era un entusiasta promotor de la exploración exhaustiva de la sífilis y de la instalación de programas de tratamiento en la comunidad negra. En varias etapas del experimento de Tuskegee, Wenger estuvo ligado a las actividades del Condado Macon, y jugó un papel crítico en el desarrollo de los primeros protocolos de estudio. Wenger continúo brindando asesoría en el experimento cuando este entró en un largo periodo de estudio de la evolución de la enfermedad sin tratamiento alguno. También fue partidario de ocultarle a los sujetos de experimentación, los apoyos al estudio --temía que la revelación pudiera conducir a que no cooperaran.

En 1932 el Dr. Raymond H. Vonderlehr era el director del experimento de Tuskegee. El realizó varios de los primeros exámenes físicos y procedimientos médicos. Vonderlehr desarrolló las políticas que moldearon la siguiente fase del proyecto. Por ejemplo, fue el quien decidió obtener el “consentimiento” de los sujetos para la realización de punciones lumbares (En busca de signos de neurosífilis) promocionando las pruebas diagnósticas como un “tratamiento gratuito especial”. En una ocasión, el Dr Wenger lo felicitó por sus “facilidades al mandar cartas a negros”. Vonderlehr se retiro como director de la Sección de Enfermedades Venéreas en 1943.

El Dr. John R. Heller fue asistente del Dr Vonderlehr y lo sustituyó como Director de la Sección de Enfermedades Venéreas del PHS. La dirección del experimento por Heller coincidió con la introducción de la penicilina en otras clínicas de la PHS como tratamiento de rutina para la sífilis, así como con la formulación del Código de Nuremberg (Con el cual se buscaba proteger los derechos de los sujetos de investigación). El estudio fue expuesto a la opinión pública en 1972; Heller defendió los principios éticos del experimento hasta el final.

La enfermera Eunice Rivers era una mujer afroamericana que se entrenó en Tuskegee y fue reclutada en el Hospital John Andrew cuando el estudio comenzó. El Dr. Vonderlehr se convirtió en un fuerte defensor de su rol. La enfermera Rivers se convirtió en la única persona del staff que permaneció en el estudio durante los 40 años de su existencia. Para la década de los 50, la enfermera Rivers se había convertido en un elemento crucial del estudio –su conocimiento personal de todos los sujetos permitieron que el largo seguimiento se mantuviera funcionando.

Durante la Gran Depresión de la década de los 30, se les ofreció a las clases bajas de afroamericanos --quienes usualmente no podían obtener una adecuada atención médica— la oportunidad de integrarse al refugio de la señorita Rivers. Ahí, los pacientes recibirían exámenes médicos gratuitos en la Universidad de Tuskegee, así como transporte gratuito de ida y vuelta a la clínica, comidas calientes en los días de examen y tratamiento para padecimientos menores.

El experimento comenzó originalmente como un estudio de la incidencia de la sífilis en la población del Condado Macon. Los sujetos serían estudiados por un periodo de seis a ocho meses, y después tratados con tratamientos contemporáneos (Incluyendo el salvarsan, ungüentos de mercurio y bismuto) que eran medianamente efectivos pero muy tóxicos. Las intenciones iniciales de este estudio eran beneficiar la salud publica de esta población pobre, como quedó evidenciado por la participación del Instituto Tuskegee, la Universidad afroamericana fundada por Booker T. Washington. Su hospital afiliado le brindo al PHS las facilidades médicas para el estudio, y otras instituciones predominantemente afroamericanas así como médicos locales también participaron. Se suponía que la Fundación Filantrópica Rosenwald proveería los fondos para pagar el eventual tratamiento. El estudio recluto a 400 hombres negros enfermos de sífilis, así como 200 hombres negros saludables como grupo control.

El primer punto crítico en la dirección que tomaría el experimento Tuskegee llegaría en 1929, cuando la llegada de la Gran Depresión dejaría a la Fundación Rosenwald sin la posibilidad de solventar los tratamientos que inicialmente había prometido. En un principio, los directores del estudio pensaron que aquello seria el fin del estudio, considerando que la Fundación ya no seria capaz de comprar los medicamentos para la fase de tratamiento del estudio. Incluso se elaboró un reporte final.

En 1928, el Estudio Oslo había reportado las manifestaciones patológicas de la sífilis no tratada en varios cientos de hombres caucásicos. Este estudio fue retrospectivo; Los investigadores recopilaron información de pacientes que ya habían contraído sífilis y que habían permanecido sin tratamiento por un tiempo. El grupo de estudio de Tuskegee decidió salvar su experimento y continuarlo, al convertirlo en un estudio prospectivo equivalente al Estudio Oslo. Esto no era inherentemente erróneo por sí mismo; tomando en cuenta que no había nada que los investigadores pudieran hacer terapéuticamente, podían estudiar la evolución natural de la enfermedad, mientras no le provocaran un daño a sus pacientes. Eso sería de beneficio para la humanidad. De cualquier forma, los investigadores se salieron de los marcos del juicio razonable, cuando su estudio eventualmente se convirtió en el más largo experimento no terapéutico realizado en seres humanos en la historia de la medicina.

Las consideraciones éticas, pobres desde un principio, comenzaron a deteriorarse rápidamente. Tomando un ejemplo, a mitad del estudio, como un medio de asegurarse que los hombres accedieran a realizarse un potencialmente peligroso procedimiento diagnóstico (No terapéutico) como es la punción lumbar, los médicos le mandaron a los pacientes 400 cartas tituladas “Última oportunidad para recibir tratamiento gratuito especial”. El estudio también requería que se le realizara una autopsia a todos los sujetos después de su muerte –aún cuando los participantes nunca fueron informados de este requisito. El tratamiento para los pacientes fue intencionalmente negado. A muchos se les mintió y recibieron tratamientos placebo con el objetivo de observar la progresión fatal de la enfermedad. En 1934, la primera información médica fue dada a conocer, siendo publicado el primer reporte mayor en 1936. Es importante notar que este no fue un estudio secreto, ya que contó con numerosos artículos publicados a lo largo de su historia.

El segundo punto crítico en la dirección del experimento llegaría en 1947, tiempo en el cual, la penicilina se había convertido en el tratamiento estándar de la sífilis. Varios programas del Servicio de Salud Pública del gobierno de los Estados Unidos fueron implementados para formar “centros de tratamiento rápido” con el objetivo de erradicar la enfermedad. Cuando varias campañas nacionales de salud para erradicar la enfermedad venérea llegaron al Condado Macon, los investigadores del estudio Tuskegee disuadieron a sus sujetos de experimentación de participar en ellos. Durante la Segunda Guerra Mundial, 250 de los sujetos de experimentación del estudio Tuskegee se registraron en estas campañas, y fueron consecuentemente diagnosticados y programados para recibir tratamiento. De cualquier forma, el PHS se encargó de descartarlos. El representante del PHS de aquel momento declaró: “Hasta el momento, estamos asegurándonos que todos los sujetos diagnosticados no reciban tratamiento.”

Para el final del estudio, solo 74 de los sujetos de experimentación continuaban con vida. 28 de los hombres habían muerto directamente a causa de la sífilis, 100 murieron por complicaciones derivadas de ella, 40 de sus esposas fueron infectadas, y 19 niños nacieron aquejados de sífilis congénita.

En 1966, Peter Buxtun, un investigador del PHS en San Francisco, mandó una carta al director de la División de enfermedades venéreas para expresarle sus preocupaciones acerca de la moralidad del experimento. El Centro para el Control de Enfermedades (CDC) reafirmó la necesidad de continuar con el estudio hasta su terminación (hasta que los sujetos murieran y pudieran realizarse las autopsias correspondientes).

Con sus reclamos ignorados, Peter Buxtun se dirigió a la prensa. La historia apareció primero en el Washington Star el 25 de Julio de 1972. Después apareció en la primera plana del New York Times el día siguiente. Como resultado de las protestas del público, en 1972, una comisión asesora fue designada para determinar si el estudio estaba médicamente injustificado y ordenó detener el experimento. Como parte del arreglo judicial que resultó del escándalo, los participantes sobrevivientes que habían sido afectados como consecuencia del estudio así como sus familiares recibieron 9 millones de dólares y la promesa de tratamientos médicos gratuitos.

En 1974, el Acta de investigación Nacional se convirtió en ley. También se creó una comisión para estudiar y redactar las regulaciones que deberían cumplir los experimentos que involucraran participantes humanos.

El 16 de Mayo de 1997, cinco de los 8 sobrevivientes del experimento acudieron a una ceremonia en la Casa Blanca, en la cual el Presidente Clinton pidió disculpas formales a los participantes del experimento Tuskegee:

“No podemos remediar lo que ya esta hecho, pero podemos terminar con el silencio… Podemos dejar de voltear nuestras miradas hacia otra parte. Podemos mirarlos a los ojos y finalmente decir, a nombre de la gente
norteamericana, que lo que hizo el Gobierno de los Estados Unidos fue vergonzoso y que lo siento.”

En 1932, los tratamientos para la sífilis eran relativamente poco efectivos y tenían severos efectos colaterales. Se sabía que la Sífilis era particularmente prevalente en comunidades negras pobres. En un inicio, la intención del estudio era medir la prevalencia de la enfermedad, su historia natural y la verdadera efectividad del tratamiento. La ética médica prevalerte en aquel entonces, aún no contaba con los estándares exactos para elaborar un consentimiento informado; los médicos rutinariamente le ocultaban información sobre su estado de salud a los participantes. Un estudio clínico para evaluar la efectividad del tratamiento de esta terrible enfermedad no era inherentemente incorrecto. De cualquier forma, este estudio explotó una sobpoblación vulnerable para responder una cuestión que habría sido benéfica para toda la población. Algunos argumentan que esto fue una muestra de racismo por parte de los organizadores del estudio.

De cualquier forma, con el desarrollo de un método efectivo y simple para el tratamiento de la sífilis (la penicilina), y con los cambiantes estándares éticos, los juicios éticos y morales del experimento se volvieron absolutamente indefendibles. Para el tiempo en que el estudio se canceló, cientos de hombres habían muerto de sífilis y muchas de sus esposas se habían infectado. Muchos niños sufrieron también los estragos de la sífilis congénita. Este estudio se ha convertido en un sinónimo de la explotación en los estudios clínicos, y ha sido frecuentemente comparado con la experimentación realizada por el médico nazi Josef Mengele.

Algunos estudios sociológicos han mostrado que el Estudio de la Sífilis de Tuskegee ha predispuesto a muchos afroamericanos a desconfiar de las autoridades médicas. El estudio por sí mismo, es un factor significativo en la baja participación de afroamericanos en estudios clínicos y en programas de donación de órganos. Nadie podría culparlos.

La ética como regulador del avance científico y tecnológico 2


Declaración de Hawai. Implicancias éticas especificas de la psiquiatría
(Asociación Mundial de Psiquiatras) (1977)

La ética ha sido desde los albores de la cultura una parte esencial del arte de curar. El conflicto de lealtades que ofrece a los médicos la sociedad contemporánea, la naturaleza delicada de la relación terapista-paciente y la posibilidad de abusar de los conceptos psiquiátricos, del conocimiento y de la tecnología en acciones contrarias a las leyes de la humanidad, hacen más necesarios que nunca altos estándares éticos para aquellos que practican el arte y la ciencia de la psiquiatría.

El psiquiatra, como practicante de la medicina y miembro de la sociedad, tiene que considerar las implicaciones éticas específicas de la psiquiatría al igual que las exigencias éticas comunes a todos los médicos y los deberes sociales de cada hombre y mujer.

Una conciencia delicada y un juicio personal son esenciales para una conducta ética. Sin embargo, para clarificar las implicaciones éticas, de la profesión y guiar a los psiquiatras individuales y ayudarlos a formar su conciencia se requieren reglas
escritas.

Por consiguiente, la Asamblea General de la Asociación Mundial de Psiquiatras ha establecido las siguientes líneas éticas para los psiquiatras de todo el mundo.

1.- El fin de la psiquiatría es promover la salud y la autonomía y crecimientos personales. El psiquiatra deberá servir con lo mejor de sus habilidades, consecuente con los principios científicos y éticos aceptados, los mejores intereses de su paciente y preocuparse también del bien común y de la justa distribución de los recursos de salud. Para cumplir con estos fines se requiere realizar investigación y educación continua del personal de salud, de los pacientes y del público.
2.- Debe ofrecerse a cada paciente la mejor terapia disponible y tratársele con la solicitud y el respeto debidos a la dignidad de todos los seres humanos y a su autonomía respecto de su propia vida y salud. El psiquiatra es responsable por los tratamiento dados por los miembros del personal y les debe una supervisión y capacitación calificadas. Donde quiera que haya una necesidad o se presente una petición razonable por parte del paciente, el psiquiatra deberá buscar la ayuda o la opinión de un colega de más experiencia.
3.- La relación terapéutica entre el paciente y el psiquiatra está basado en el acuerdo mutuo. Requiere confianza, confidencialidad, apertura, cooperación y responsabilidad mutua. Puede no ser posible establecer una relación de este tipo con algunos
pacientes gravemente enfermos. En este caso, con el tratamiento de los niños, se deberá establecer contacto con una persona próxima al paciente y que le sea aceptable. Si se establece una relación con otros propósitos que el terapéutico, como la de la psiquiatría forense, su naturaleza debe ser cuidadosamente explicada a la persona afectada.
4.- El psiquiatra debe informar al paciente de la naturaleza de su condición, de los diagnósticos y procedimientos terapéuticos propuestos, incluyendo las posibles alternativas, y del pronóstico. Esta información debe ofrecerse con consideración y darse al paciente la oportunidad de elegir entre métodos apropiados y disponibles.
5.- No debe llevarse a cabo ningún procedimiento ni darse un tratamiento contra la voluntad independientemente de la voluntad del paciente, salvo que el paciente carezca de capacidad para expresar sus propios deseos o, a causa de su enfermedad psiquiátrica, no pueda ver cuál es su mejor interés o, por la misma razón, que es un peligro para los demás. En estos casos puede o debe darse un tratamiento compulsivo siempre que éste sea realizado en beneficio de los mejores intereses del paciente y durante un período razonable de tiempo, se pueda presumir un consentimiento informado retroactivo, y cuando sea posible, sea obtenido el consentimiento de alguien próximo al paciente.
6.- Tan pronto como pierdan vigencia las condiciones señaladas para el tratamiento compulsivo, el paciente deberá ser liberado, salvo que consienta voluntariamente en continuar el tratamiento. Siempre que haya un tratamiento compulsivo o detención deberá existir un organismo neutra independiente de apelación para la investigación metódica de estos casos. Cada paciente debe ser informado sobre su existencia y permitírsele apelar a éste personalmente o por medio de un representante, sin que
interfiera el personal del hospital u otra persona.
7.- El psiquiatra no deberá utilizar nunca las posibilidades de la profesión para maltratar individuos o grupos y deberá preocuparse de no permitir nunca que deseos personales inapropiados, sentimientos o prejuicios interfieran con el tratamiento. El psiquiatra no debe participar en tratamientos psiquiátricos compulsivos en ausencia de enfermedad psiquiátrica. Si el paciente o algún tercero solicita acciones contrarias a los principios científicos o éticos, el psiquiatra debe rehusar cooperar. Cuando por cualquier razón no puedan promoverse los deseos o los mejores intereses del paciente, este deberá ser informado de ello.
8.- Lo que el paciente haya dicho al psiquiatra, o lo que éste haya notado durante el examen o el tratamiento, debe ser mantenido como confidencial a menos que el paciente libere al psiquiatra del secreto profesional u otros valores vitales comunes o los mejores intereses del paciente hagan imperativa su revelación. En estos casos, sin embargo, el paciente debe ser informado de inmediato de la ruptura del secreto.
9.- El incremento y la propagación del conocimiento y habilidades psiquiátricas requieren la participación del paciente. Deberá, sin embargo, obtenerse un consentimiento informado antes de presentar el paciente a una clase, y si es posible, también cuando se publica una historia clínica, y tomarse todas las medidas razonables para preservar el anonimato y salvaguardar la reputación personal del sujeto. En la investigación clínica y en la terapia deberá ofrecerse a cada sujeto el mejor tratamiento disponible. Su participación debe ser voluntaria, después que se le haya proporcionado una información completa acerca de los objetivos, procedimientos, riesgos e inconvenientes del proyecto. Siempre deberá haber una relación razonable entre los riesgos calculados o inconvenientes y los beneficios del estudio. Ene el caso de los niños y otros pacientes que no pueden dar un consentimiento informado éste deberá obtenerse de alguien próximo a ellos.
10.- Cada paciente o sujeto de investigación es libre de retirarse por cualquier razón en cualquier momento de cualquier tratamiento voluntario y de cualquier programa de enseñanza o de investigación en el cual participe. Este retiro, al igual que cualquier
rechazo para participar en un programa, nunca debe influir en los esfuerzos del psiquiatra para ayudar al paciente o sujeto. El psiquiatra deberá suspender todos los programas terapéuticos, de enseñanza o investigación que puedan resultar contrarios
a los principios de esta Declaración.


La ética como regulador del avance científico y tecnológico 1



 Código de Nuremberg 
Normas éticas sobre experimentación en seres humanos 
En 1997, el Código de Nüremberg fue publicado el 20 de agosto de 1947, como producto del Juicio de Nüremberg (agosto 1945 a octubre 1946), en el que, junto con la jerarquía nazi, resultaron condenados varios médicos por gravísimos atropellos a los derechos humanos. Dicho texto tiene el mérito de ser el primer documento que planteó explícitamente la obligación de solicitar el Consentimiento Informado, expresión de la autonomía del paciente. Sus recomendaciones son las siguientes: 
I. Es absolutamente esencial el consentimiento voluntario del sujeto humano. 
II. El experimento debe ser útil para el bien de la sociedad, irremplazable por otros medios de estudio y de la naturaleza que excluya el azar. 
III. Basados en los resultados de la experimentación animal y del conocimiento de la historia natural de la enfermedad o de otros problemas en estudio, el experimento debe ser diseñado de tal manera que los resultados esperados justifiquen su desarrollo. 
IV. El experimento debe ser ejecutado de tal manera que evite todo sufrimiento físico, mental y daño innecesario. 
V. Ningún experimento debe ser ejecutado cuando existan razones a priori para creer que pueda ocurrir la muerte o un daño grave, excepto, quizás en aquellos experimentos en los cuales los médicos experimentadores sirven como sujetos de investigación. 
VI. El grado de riesgo a tomar nunca debe exceder el nivel determinado por la importancia humanitaria del problema que pueda ser resuelto por el experimento. 
VII. Deben hacerse preparaciones cuidadosas y establecer adecuadas condiciones para proteger al sujeto experimental contra cualquier remota posibilidad de daño, incapacidad y muerte. 
VIII. El experimento debe ser conducido solamente por personas científicamente calificadas. Debe requerirse el más alto grado de destreza y cuidado a través de todas las etapas del experimento, a todos aquellos que ejecutan o colaboran en dicho experimento. 
IX. Durante el curso del experimento, el sujeto humano debe tener libertad para poner fin al experimento si ha alcanzado el estado físico y mental en el cual parece a él imposible continuarlo. 

Durante el curso del experimento, el científico a cargo de él debe estar preparado para terminarlo en cualquier momento, si él cree que en el ejercicio de su buena fe, habilidad superior y juicio cuidadoso, la continuidad del experimento podría terminar en un daño, incapacidad o muerte del sujeto experimental.